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Linchamientos…entre mujeres.

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15.03.2026

La Premio Nobel de Economía, Claudia Goldin, demostró con rigor estadístico que la brecha de género no es un ente abstracto, sino una realidad palpable que se dispara con la maternidad. Goldin desnudó la "penalización por hijo", evidenciando cómo el sistema castiga a la mujer por su biología. Sobre ella llovieron aplausos y un reconocimiento mundial justo por visibilizar esa injusticia estructural.

Sin embargo, la realidad a ras de suelo es menos gratificante. Bajo el eco del Día de la Mujer, tres mujeres en la función pública sufrieron un linchamiento digital que las llevó directamente a una pira encendida en minutos. Una de ellas denunciaba la misma brecha de maternidad que la Nobel Goldin.

Lo verdaderamente alarmante no es el debate político, sino el origen del fuego: quienes lanzaron la primera piedra y avivaron las llamas fueron, en su mayoría, otras mujeres, en muchos casos con el “yo soy una abnegada y exitosa madre”.

A riesgo de ser apedreado, cabe preguntar: ¿Dónde quedó la sororidad? Este concepto, nacido como hermandad frente a la violencia, parece hoy un mito más, similar a la supuesta pureza moral indígena o la santidad clerical. Son idealizaciones que, ante la realidad, se desmoronan. La saña con la que estas "hermanas" reaccionaron -con una ferocidad rara vez aplicada a hombres- revela una preocupante carencia de calidad humana. No se juzgó la gestión; se buscó la aniquilación.

Es contradictorio exigir que el mundo deje de penalizar a la mujer mientras entre ellas aplican una "penalización de carácter" implacable ante el primer error. Si la sororidad solo se activa para quienes piensan igual, no es emancipación, sino un mecanismo de control ideológico.

La estatura de un movimiento se mide en su capacidad de gestionar la falibilidad humana. Si el avance de género implica heredar los vicios del autoritarismo y la cancelación, ¿qué estamos transformando realmente? No hay progreso, mientras se sostiene la antorcha para quemar a la compañera que tropieza. Juzgar así a las iguales no las hace más libres; las convierte en las verdugas más eficientes del sistema que dicen combatir. Creo que somos mejores seres humanos si ante el error ajeno, elegimos la ética en lugar del linchamiento.


© Opinión