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Los consumos ocultos de la inteligencia artificial

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16.06.2026

La pregunta política más urgente sobre la inteligencia artificial no es qué puede hacer, sino quién decide qué hace, sobre quiénes lo hace y en beneficio de qué intereses.

Existe una trampa en la forma en que debatimos la inteligencia artificial, la atención pública suele concentrarse en aquello que vemos, ya sea el chatbot que responde preguntas, el generador de imágenes o el asistente de voz que organiza tareas cotidianas. Esa visibilidad no es accidental, pues las interfaces amigables, los logotipos reconocibles y las demostraciones espectaculares cumplen una función ideológica precisa al presentar la inteligencia artificial como una herramienta que el usuario elige utilizar, cuando en realidad esa es apenas la capa superficial de un fenómeno mucho más amplio. La inteligencia artificial que más influye sobre nuestras vidas opera sin ser convocada, sin hacerse visible y, en la mayoría de los casos, sin haber sido objeto de deliberación pública.

Antes de que una persona tome la primera decisión consciente del día, la inteligencia artificial ya ha intervenido, organizando las notificaciones del teléfono, actualizando el pronóstico meteorológico, optimizando la ruta hacia el trabajo según las condiciones del tráfico, sugiriendo palabras en el teclado y seleccionando contenidos en función de hábitos previamente registrados. Todo ello ocurre antes del café, antes de la primera conversación e incluso antes de que exista una conciencia clara de estar interactuando con una tecnología, de modo que no se trata simplemente de usos de la inteligencia artificial, sino de condiciones ambientales de la vida contemporánea.

Cuando la electricidad se convirtió en infraestructura dejó de percibirse como tecnología; nadie piensa en ella cada vez que enciende una lámpara. La inteligencia artificial atraviesa un proceso similar, aunque con una diferencia fundamental: la electricidad transporta energía, mientras que la inteligencia artificial organiza decisiones, y las decisiones tienen consecuencias políticas.

El autocompletado y la corrección ortográfica constituyen probablemente la forma más extendida de inteligencia artificial en el planeta. Millones de personas interactúan con estos sistemas a diario sin advertirlo, aunque su aparente neutralidad resulta engañosa. Los modelos de predicción lingüística son entrenados sobre enormes corpus de datos que reflejan jerarquías culturales, lingüísticas y económicas preexistentes; en consecuencia, tienden a privilegiar registros dominantes, variedades estandarizadas y formas lingüísticas asociadas a los centros de producción tecnológica.........

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