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El privilegio de pensar en el tedio

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03.08.2026

Uno quisiera que sus hijos nunca conocieran la tristeza del mundo. Que mantuvieran la inocencia y pensaran que los seres humanos somos solidarios, empáticos, más que malvados.

Ellos se asombran cuando alguien tira un papel a la calle, cuando un muchacho grita en una esquina o un padre le niega el abrazo a su hijo.

Crecen y preguntan: ¿Por qué ese señor te pide dinero? ¿Cuándo nos ponen un poquito de corriente? ¿Por qué los del fondo siempre tienen luz y nosotros no?

Cuando comparten su almuerzo con la amiga del barrio, no piensan que están haciendo algo extraordinario. No saben que esa otra niña no tiene mamá como la tienen ellos, no tiene comida en su casa como la tienen ellos. Simplemente comparten porque han aprendido a hacerlo.

Los hijos son también esos amigos de la escuela: el que no aprende a leer, el que puede........

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