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Mirar, conectar, reflexionar, en esta tierra y en este instante

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30.09.2026

Las evidencias y la información a las que se puede tener acceso demuestran que el Departamento de Estado ha exigido a los países de América Latina y el Caribe un alineamiento claro respecto a la política hacia Cuba. Son múltiples las amenazas que acompañan tal exigencia sobre gobiernos que, en general, tienen un alto nivel de dependencia de EE.UU.

Eso explica decisiones como la expulsión de diplomáticos cubanos de República Dominicana, la ruptura de relaciones diplomáticas con Cuba de países como Costa Rica y Ecuador, la exclusión de Cuba de la Cumbre de las Américas, el cierre del programa de médicos cubanos, como en el caso de Guatemala y otros países, etc.

Algunos toman esas medidas con cierto pudor, conscientes de lo injustificadas que resultan; otros lo hacen con complacencia, por su mayor coincidencia ideológica y política con EE. UU. La mayor parte de estos últimos corresponde a gobiernos de extrema derecha instalados hoy en muchos países de la región. Todos “reconocidos” y autocalificados como “Estados democráticos de derecho”. Es la realidad histórica, y no teórica, la misma que, sin muchas precisiones, algunos documentos desde el exterior proponen para Cuba.

Se ha dicho, con sentido del humor, que algunos de esos gobiernos practican una “diplomacia preventiva”, que consiste en “bajarse el calzón antes de que te lo pidan”. Pocas excepciones de resistencia a esa política quedan hoy en la región, como los honrosos casos de México, Brasil y Uruguay. Tal es el nivel de dependencia, y tal lo descarnado de la política exterior de esta administración, que despliega todo su enorme poder y presión sin medir mucho las consecuencias.

Es brutal y abierta la intervención en los procesos políticos internos para favorecer a la extrema derecha, reunida en el llamado “Escudo de las Américas”. Basta leer su “declaración conjunta” para saber de qué se trata esa nueva “iniciativa”.

El reciente caso del tal Cerimedo en Bolivia, con sus granjas de bots y su chequera digital, es solo la punta de un iceberg mucho más profundo. Es la conducta que marca la doctrina Donroe: es esencial reasegurar la dominación en el hemisferio occidental ante la creciente pérdida de hegemonía global.

Esa política de exigir alineación máxima no se limita al ámbito diplomático; como se puede apreciar, se extiende por todos los sectores,........

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