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“Divertimentos” o la claridad hechizada

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03.08.2026

En 1946, hace ochenta años, mi padre, Eliseo Diego, publicó su segundo libro, Divertimentos. Eran relatos breves, con ilustraciones de Roberto Diago. Tenía solo veintiséis años. Su primer cuaderno, también en prosa, lo tituló En las oscuras manos del olvido, y lo dio a conocer en 1942, en Ediciones Clavileño. El título lo tomó de un poema de Quevedo, y consta de solo tres cuentos. En 1979 le añadió otros relatos y se publicó por Ediciones Unión. En el prólogo de esta edición mi padre explicó:

El libro recién comenzado era tan rico en ambición como parco en aliento. Pretendía nada menos que atreverse con el misterio mismo del acto creador, desde el instante en que los grandes aluviones de la experiencia humana desembocan en el golfo de la memoria, hasta que se forman con ellos las extrañas Islas Afortunadas de la realidad puesta a salvo (…). El libro habría de ir constatando en sucesivos fragmentos el desesperanzado, confuso, bien y a la vez mal intencionado entresijo de propósitos y despropósitos en que se debaten recuerdo, olvido y sueño. 

No era poco lo que pretendía el joven escritor. Ya por esos años se había formado la cuarteta de enamorados: Eliseo y su gran amigo Cintio Vitier con las hermanas Bella y Fina García Marruz. Se reunían, con otros amigos, en la casa de Bella y Fina, a leerse sus poemas. Fue en esos encuentros que decidieron hacer la revista Clavileño, de la que solo aparecieron siete números, entre 1942 y 1943. Ahí publicó mi padre sus dos primeras prosas poéticas: Boabdil y Felipe II.

Eliseo era el único prosista del grupo, aunque paralelamente a la escritura de sus nuevos cuentos, iba dando a conocer en la revista Orígenes (1944-1956) la prosa poética que más adelante conformaría su libro Versiones, y los primeros versos de En la Calzada de Jesús del Monte.

Divertimentos, editado por Úcar........

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