Cuba y la responsabilidad de no repetirnos
La reacción a mi último artículo ha sido tan intensa como reveladora. He leído uno a uno todos los comentarios que generó, dentro y fuera de Cuba. Hay mensajes duros, algunos cargados de acusaciones y descalificaciones; otros escritos desde la rabia o la frustración acumulada. También he recibido palabras generosas, reflexiones serenas y mensajes de personas genuinamente preocupadas por mí, por las consecuencias de expresarme con franqueza en un contexto tan sensible.
Desde la isla no han faltado voces de respaldo ni intercambios respetuosos, junto a otras reacciones marcadas por la sorpresa o el malestar, incluso de personas que hoy ocupan responsabilidades públicas. Todo ello confirma que expresar opiniones distintas sigue removiendo sensibilidades profundas. Pero confirma también que existe una conversación pendiente que merece ser sostenida con calma, respeto y responsabilidad.
Nada de esto me sorprende del todo. Lo que sí me inquieta es el nivel de odio y rencor que emerge con facilidad cuando alguien se sale del guion esperado. No hablo de la crítica. La crítica es necesaria. Hablo del impulso a deshumanizar al otro, a reducirlo a una etiqueta, a convertirlo en enemigo.
¿Cómo construir un país si no somos capaces de........
