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Los prejuicios que enfrenta la reforma económica en Cuba

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28.07.2026

“Las reformas de mercado son un paso abierto al capitalismo”.

“Las desigualdades sociales son inadmisibles”.

“El Estado debe controlar todas y cada una de las esferas de la economía y la sociedad”.

“Todos los cubanos debemos ser igual de ricos o igual de pobres”.

Probablemente usted haya escuchado con frecuencia ideas similares desde que tiene uso de razón. Ellas resumen superficialmente, eso sí, la manera en que supuestamente la sociedad cubana ha entendido conceptos como mercado, desigualdades, papel del Estado o justicia social.

Durante mucho tiempo, el modelo económico moldeó no solo la estructura productiva del país, sino que también creó “verdades absolutas” que ahora están siendo encaradas por las reformas económicas que el Gobierno anunció en junio de 2026.

Toda reforma económica es, en el fondo, un choque de trenes. Por un lado, avanzan los cambios estructurales que implican la redistribución de poder o la reconfiguración de incentivos. Por el otro, resiste el inmenso peso de una cultura forjada bajo reglas que, poco a poco, deben dejar de existir.

Por eso, la reforma no es solo un proceso técnico, sino profundamente político y cultural. Incluso cuando existe consenso sobre la necesidad de cambios, emergen resistencias de todo tipo por todos lados. 

En el caso cubano, la crisis interna y la guerra económica estadounidense suelen ocupar el centro del debate, aunque hay otro obstáculo menos visible pero también persistente: los prejuicios acumulados en la cultura económica del país.

Más propiedad privada es regresar al capitalismo.

Más propiedad privada es regresar al capitalismo.

El argumento por antonomasia narra que la apertura al capital privado implica en automático una transición capitalista. Durante muchas décadas, la propiedad privada, incluso la más pequeña, fue proscrita: en 1968 la “ofensiva revolucionaria” erradicó 55 636 de los micro y pequeños negocios en aquel entonces. No fue hasta los años noventa (precisamente durante una crisis) que se permitió otra vez —con extremas limitaciones— el cuentapropismo.

Fue una época con su propio contexto histórico que sería un poco injusto criticar desde la actualidad, pero arrastra esa cultura prejuiciosa y de “mal necesario” que ha acompañado a la propiedad privada dentro del modelo cubano.

Más mercado es menos regulación del Estado.

Más mercado es menos regulación del Estado.

Este es uno de los falsos dilemas más extendidos, y descansa sobre una confusión de tres cosas distintas: propiedad, gestión y regulación. 

La ampliación del sector privado no implica, por definición, un debilitamiento del Estado, sino una redefinición de su rol. Incluso en las economías capitalistas, el Estado regula, supervisa y trata de corregir fallas de mercado; de hecho, cuanto más mercado hay, más regulación se necesita, no menos. 

Confundir propiedad privada con desregulación conduce a temores infundados y limita la posibilidad de diseñar marcos regulatorios modernos, capaces de fomentar la competencia, proteger al consumidor y asegurar objetivos sociales.

Ahora bien, sería deshonesto despachar el temor como pura paranoia. El paquete de las 176 medidas de junio abre el debate sobre propiedad. La medida 32 ratifica la propiedad social sobre los medios fundamentales de producción y, en la misma oración, plantea avanzar en la gestión no estatal sobre esos medios. 

Las medidas 33 y 34 permiten la compra de acciones de empresas estatales por personas naturales y jurídicas, nacionales y extranjeras, y la venta de propiedades estatales, incluidos cubanos residentes en el exterior. En la propia sesión de la Asamblea Nacional donde se aprobaron, se pidió definir con precisión qué son los “medios fundamentales de producción” y revisar el punto........

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