¿Reforma o desposesión?
Volver a la historia es, al tiempo que una responsabilidad ética y política, un método imprescindible para diseñar e implementar nuevos derroteros.
Una proyección estratégica para la transición cubana debería combinar dos preguntas estructurantes: qué se quiere alcanzar y qué se quiere evitar. La combinación de ambas respuestas apuntaría a una mayor lucidez del proceso.
El regreso a la historia como método contribuye a esa pretendida lucidez, siempre que no se limite a la advertencia general, sino que identifique mecanismos concretos que puedan estar replicándose —o no— en el presente cubano.
La transición en el Este europeo y la URSS hacia órdenes sociales regidos por el capital dejó trazas que hoy cobran particular importancia.
Aquellos procesos ocurrieron sin un cerco exterior equivalente al bloqueo estadounidense que hoy asfixia a Cuba —encareciendo importaciones, bloqueando créditos y condicionando cualquier inserción global—, una variable que distorsiona cualquier analogía directa y que obliga a calibrar las semejanzas.
Visto en perspectiva, aquellos procesos no representaron una “transición a la democracia y el mercado”, sino una irrupción capitalista, más o menos coordinada entre las élites locales y el capital financiero internacional.
El desmonte de los estados socialistas fue, en lo fundamental, una victoria de clase de la nomenclatura que, al verse incapaz de sostener el modelo productivista y con él la reproducción de sus privilegios, se reconvirtió en una nueva burguesía propietaria.
La diversidad de trayectorias es la primera lección: no hay una única “transición al capitalismo”, sino configuraciones distintas según quién controle el proceso y bajo qué reglas.
El colapso económico no fue un daño colateral. La caída del PIB real —con contracciones acumuladas de hasta el 40 % en Rusia y del 25 % en Polonia entre 1990 y 1994— fue resultado de la “terapia de shock” impulsada por asesores occidentales y el Fondo Monetario Internacional.
El geógrafo marxista David Harvey acuñó el término “acumulación por desposesión” para describir este período.
No se buscaba una transición gradual, sino una “destrucción creativa” acelerada para evitar cualquier posibilidad de retorno al socialismo.
La hiperinflación que erosionó los ahorros de trabajadoras y trabajadores fue un impuesto regresivo masivo. Mientras los burócratas y directores de fábrica accedían a créditos blandos para comprar activos a precio de liquidación, los obreros veían cómo sus depósitos se volvían polvo.
La escalofriante mortalidad de los primeros años —dos millones de muertes en exceso y la caída de la esperanza de vida masculina rusa a 57,5 años en 1994— fue el resultado material de la desposesión.
La mafia y la corrupción que caracterizaron el inicio de la transición no fueron un imprevisto externo al capitalismo, sino su vanguardia........
