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Luis Mijares, en el bloque de arrancada

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24.04.2026

El sábado 18 de abril fue un día de trabajo, como cada fin de semana, para Luis Mijares. Temprano en la mañana cargó su mochila con pinceles y pintura corporal (body painting), y salió de su casa en Espada y Concordia, Centro Habana, hacia la avenida Carlos III, en busca de un vehículo de alquiler que lo acercara a su destino: el Zoológico de La Habana. Estuvo un rato deteniendo taxis de ruta cuyos precios, abusivos y constantemente cambiantes, le parecieron intolerables. Al fin “pactó” con un motor eléctrico de los que “tiran” pasaje en bancos apretados en la pequeña cama adosada detrás, donde las rodillas de los usuarios, sentados frente a frente, se van friccionando. 

En el Zoológico, justo ante el parque de diversiones, Luis tiene un puesto de pintacaritas. Los niños escogen de un extenso muestrario el diseño que quieren, y nuestro entrevistado lo plasma en sus rostros risueños. Quienes no rien mucho son los padres, porque a pesar de que los precios de él, de acuerdo con la complejidad del dibujo, no son altos, la suma de los gastos en golosinas, entrada al parque, tickets para los aparatos y algún que otro juguete de los que allí se ofertan, les exprimen el bolsillo, en un momento en que, como nunca antes en Cuba, los salarios se van han devaluando en picada, algo impensable cuatro o cinco años atrás. 

Cuando no tiene clientes, Mijares toma rápidos apuntes de personas que pasan frente a él, y que le despiertan la curiosidad, ya sea por las expresiones de sus caras, por el aspecto físico o por sus atuendos. Esos trazos nerviosos colman ya varios cuadernos. Algunos, luego de un tiempo que no se puede calcular, pasan a convertirse en obras sobre papel o lienzo.

Y es que este joven sonriente hace arte, destino que viene labrando desde los siete años, con dificultades e interrupciones, pero siempre con la vista puesta en lo que él cree signará su paso por este segmento de tiempo que le ha tocado ¿en suerte?

Luis trabaja en el Zoológico para mantener su desenfrenada vocación. Pinta y dibuja obsesivamente de lunes a viernes. Es su propio becario. Lo obtenido por las caritas decoradas de los niños cubre, no muy holgadamente, sus necesidades primarias, y le permite, al menos, ir tirando líneas y pigmentos sobre soportes disímiles sin ánimos de lucro. No pinta porque quiere o porque tiene esa habilidad o don, sino porque no puede dejar de hacerlo. No reproduce los seres y las cosas como son, ni como deberían ser, sino como él las ve, pues a través de su obra trata de explicarse el complejo entramado de las relaciones interpersonales y de los humanos con su entorno físico y también inmaterial, pues en su mundo de representaciones hay una zona imprecisa  entre la vigilia y el sueño. 

Escoger el lápiz equivocado 

Refiere Luis Dayán Mijares (La Habana, 1999) que siempre se recuerda dibujando. Uno de sus tíos,........

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