La calma después del ruido
Hace menos de un mes, Bolivia contaba puntos de bloqueo, días de protesta y pérdidas económicas; hoy, con las carreteras nuevamente transitables, la atención se ha desplazado hacia la cotización diaria del dólar, las filas que todavía persisten para conseguir diésel y los efectos que ambos problemas pueden tener sobre la producción, los precios y los ingresos.
La calma de estas semanas es real y responde al desgaste del conflicto, la fragmentación de los sectores movilizados y el rechazo que dejaron casi dos meses de bloqueos. La demanda de renuncia del presidente perdió presencia, mientras la COB, los transportistas, las organizaciones campesinas y los mineros retornaron a sus propias agendas, sin que exista por ahora un objetivo compartido capaz de reunirlos nuevamente.
Lo que se observa es una reconfiguración de la conflictividad: disminuyó la confrontación política de alcance nacional y volvieron a cobrar importancia las demandas económicas, laborales y sectoriales. Los bloqueos, además de las pérdidas directas, dejaron rezagos en el abastecimiento, la distribución de combustible y la comercialización de productos que no desaparecieron con la apertura de las carreteras y que ahora se suman a problemas anteriores. Los datos de UNIR muestran que durante el primer trimestre de 2026 el 24 % de los conflictos estuvo relacionado con la situación económica y otro 15,6 % con asuntos laborales y salariales, una composición que puede acentuarse si esas consecuencias y la incertidumbre cambiaria repercuten de manera diferenciada sobre transportistas, productores, comerciantes, trabajadores y otros sectores.
Esto no implica que cada incremento del dólar o cada fila en un surtidor vaya a producir una nueva crisis política, porque el malestar económico necesita determinadas condiciones para transformarse en una........
