Un nuevo siglo de violencia estructural
“La violencia es el último recurso del incompetente” (Isaac Asimov)
El autoritarismo y el supremacismo religioso están tomando las riendas de este nuevo siglo, que viene marcado por las evidentes manifestaciones de rigidez cognitiva o falta de inteligencia analítica. La indiferencia impregna la vida actual y representa una forma silenciosa y devastadora de violencia psicológica que deshumaniza y transforma la interacción social en una experiencia de aislamiento.
Estamos ante un nuevo siglo de violencia estructural y sibilina, que se oculta detrás de una supuesta normalidad institucional. La represión, la discriminación y la impunidad se están normalizando en Estados Unidos, resquebrajando su democracia y, por ende, las de otros países. La UE se está quedando desnuda ante sus propias limitaciones fácticas. La lucha contra la discriminación ha sufrido un retroceso de consecuencias globales. La peligrosa deriva autoritaria de Trump está multiplicando las alarmas más allá de sus fronteras, socavando las libertades fundamentales. El desentendimiento, como un sepulturero, sigue cavando miles de tumbas en la fría jungla del mundo que habitamos, en el que sus áridas conquistas duermen en el lecho de la frivolidad.
El imperialismo actual se caracteriza por una globalización financiera y productiva, donde las grandes potencias compiten por la dominación económica y tecnológica, dejando progresivamente arrinconada la ética, priorizando beneficios y control de mercado sobre la responsabilidad social y el bienestar humano. La desmesurada vaguedad de idearios en los partidos políticos es un fenómeno contemporáneo en el que se diluyen los principios........
