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El cascabel al gato

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El Papa León XIV, entre las muchas cosas acertadas que ha dicho en los numerosos discursos y mensajes de su visita al Estado español, nos dejó una reflexión en la que quisiera detenerme. En sus palabras, pronunciadas en el Congreso de los Diputados, se posicionó en contra de la polarización de la política, el enfrentamiento por el enfrentamiento y la tendencia a denigrar y eliminar al contrincante (que no enemigo) electoral. O eres azul o rojo, o eres verde oscuro o verde claro, etc.

Hasta en cuestiones del comer nos llevan a una polarización que, hablando de carne, pretende reducir la elección a dos únicas opciones: o eres de chuleta o eres de hamburguesa. Al parecer, no hay nada más. Ni hay filetes, ni carne guisada, ni casquería, ni nada por el estilo. La industria cárnica y los establecimientos hosteleros nos empujan a elegir entre esa pobre y limitada gama, sin caer en la cuenta de que el mundo de la carne es algo mucho más amplio y variado. ¡Ay, si probasen la asadurilla que prepara mi suegra!

La fuerza de la carne es tal que atrae hasta al más pintado. Prueba de ello es que las empresas agroalimentarias, incluso las integradas en el sector cárnico, juegan a despistar al consumidor y, por ello, utilizan terminología cárnica para algo que no es carne y, menos aún, carne natural.

Pues bien, hace escasos días, el Parlamento Europeo ha puesto fin a la apropiación de términos cárnicos por parte de productos de naturaleza distinta. Con 560 votos a favor, 75 en contra y 25 abstenciones, la Eurocámara ha avalado, con rotundidad, el acuerdo entre colegisladores que limita el uso de términos como “filete”, “chuleta”, “solomillo” o “bacon” exclusivamente a productos que contengan carne de origen animal. Por lo tanto, consecuentemente, no........

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