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La riqueza que no cotiza en bolsa

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saturday

Porque el bien no hace mucho ruido, pero es lo que sostiene el mundo…

Si hoy puedo escribir estas líneas es porque, hace algunos años, alguien decidió confiar en un muchacho de Manrique.

Hay una escena de Manrique, que nunca he podido olvidar.

Al día de hoy, me sorprende ver a muchos vecinos pasar de largo frente a una tienda para caminar dos o tres cuadras más y comprar en otra. La primera está más cerca, cualquier manual de economía diría que debería vender más, pero estas esquinas nunca han obedecido del todo a la lógica cuando se trata de las personas.

En la tienda de abajo, la más lejana, atiende “El Pana”, conoce a casi todo el mundo. Saluda por el nombre, pregunta cómo sigue la mamá cuando ha estado enferma, fía cuando la quincena todavía no llega y, aunque uno solo compre una bolsa de leche, siempre suena al despedirse un muy sincero “que Dios me lo acompañe”.

En la otra tienda nadie conversa. Uno compra, paga y se va. Y, sin embargo, la gente prefiere caminar esas cuadras de más. Durante años pensé que eso era simplemente una costumbre.

Luego estudié gracias a buenas personas que confiaron en que un joven de Manrique podría en algún momento a través del estudio multiplicar el capital de humanidad invertido.

En mi barrio muchas organizaciones y el Estado apoyan a jóvenes para que estudiemos y siente uno orgullo al poder decir que, aunque crecimos con el crimen en la puerta de la casa, nos salimos por una ventana con un morral para ir a estudiar, quienes crecimos en barrios populares sabemos que la violencia hace mucho ruido. Por eso a veces olvidamos que el bien también trabaja todos los días, solo que en silencio porque el bien no hace mucho ruido, pero es lo que sostiene al mundo.

Para poder estudiar me pidieron en la Fundación Fraternidad Medellín que el único requisito era que terminara la Carrera y tuviese un buen promedio, esa fue una gran oportunidad: con el tiempo entendí que no fue una beca. Fue un acto de confianza. Ellos apostaron por un joven cuyo futuro apenas empezaba a escribirse. Yo solo podía responder de una manera: estudiando con la responsabilidad de quien sabe que está administrando el sueño que otros decidieron sembrar en él.

La de la Fundación Fraternidad Medellín nunca fue una mano........

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