El «Tigre» acaricia la Casa de Nariño
La matemática de la fractura nos muestra que el mapa político de Colombia ya no se dibuja con matices, sino que se esculpe con cincel sobre una roca profundamente agrietada. A pocos días de que se abra la definitiva segunda vuelta electoral, las proyecciones estadísticas y la inercia política construyen un escenario contundente donde la probabilidad de triunfo de Abelardo de la Espriella se ubica en un sólido 90 por ciento o más. No se trata de un simple entusiasmo partidista, sino de la fría lectura de una división estructural tan marcada que ha terminado por congelar el comportamiento de las urnas en todo el territorio nacional.
En la Colombia de hoy, el resultado de la primera vuelta del pasado 31 de mayo prácticamente sepultó la volatilidad del electorado. La polarización es tan rígida que la capacidad de cambiar voluntades entre una vuelta y otra se ha reducido al mínimo, evidenciando que la brecha del país electoralmente es enorme. El dato que lo confirma es demoledor: la división territorial es tan profunda que solo quedan cuarenta municipios en todo el país donde la moneda sigue en el aire, es decir, donde la........
