El supermercado es la antesala de la farmacia
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Vivimos sumidos en una profunda contradicción cotidiana, sabiendo perfectamente que consumimos aquello que nos destruye, y aún así nos mantenemos en la terquedad del necio sin hacer cambios reales. Abrimos la nevera o caminamos por los pasillos del supermercado eligiendo productos llenos de etiquetas indescifrables, aditivos y venenos silenciosos. Es un acto de complicidad colectiva donde preferimos mirar hacia otro lado, ignorando que cada bocado industrializado es un clavo más en nuestro propio ataúd clínico. Lo trágico no es solo la ignorancia, sino la soberbia con la que defendemos nuestros malos hábitos, repitiendo el ciclo destructivo como si el cuerpo fuera un recurso inagotable que nunca va a pasar la factura.
Esa trampa mortal no es un accidente ni una casualidad de la modernidad; fuimos convertidos en adictos al dulce desde la más tierna infancia. El azúcar está escondido de forma casi imperceptible en el 80% de los alimentos de consumo masivo que compramos, desde el pan integral supuestamente........
