Escuelas de conducción: ¿Formadores o cómplices?
Vencer un miedo de la infancia es, por lo general, un acto de liberación. Hace poco decidió apagar ese temor eléctrico que sentía hacia las motocicletas, esas máquinas que siempre admiré pero que veía con un respeto casi paralizante. Tras años de ser un ciclista urbano y un conductor de automóvil con licencia vigente desde hace dos décadas, obtuve finalmente mi pase de moto. Sin embargo, lo que debía ser una satisfacción personal se transformó en una profunda indignación. He sido testigo excepcional de cómo el sistema de formación vial en Colombia no es más que una farsa peligrosa, una “fábrica de licencias” que prioriza el trámite sobre la vida.
Es inaudito que las escuelas de conducción, en un alarde de negligencia absoluta, mutilen la formación teórica bajo el pretexto de que “quien conduce carro ya lo sabe todo”. Según la norma, un aspirante a categoría A2 debería cursar 28 horas de teoría que abarcan desde ética y seguridad vial hasta mecánica básica y primeros auxiliares. A mí, en cambio, me despacharon con una única sesión de cuatro horas mediocres, donde el instructor estaba más ocupado........
