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El talento femenino no necesita más discursos, necesita más oportunidades

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23.03.2026

No hace tanto tiempo libros como ¿Por qué los hombres no escuchan y las mujeres no entienden los mapas? popularizaron la idea de que hombres y mujeres perciben el mundo de manera diferente, sin embargo, dejando a un lado los estereotipos, lo verdaderamente relevante es entender que esas diferencias pueden enriquecer la forma en que trabajamos y tomamos decisiones, porque hombres y mujeres no compiten entre sí en el ámbito profesional, al contrario, la combinación de perspectivas es precisamente lo que fortalece a los equipos y a las organizaciones.

Pero más allá de los titulares, libros y campañas de sensibilización, el verdadero cambio ocurre en el día a día de las empresas, y aún mucho antes, en el momento de fomentar las vocaciones. 

En mi caso, mi trayectoria profesional comenzó en el ámbito de la ingeniería. Durante más de veinte años he trabajado en entornos vinculados a la industria, primero como ingeniera de procesos, posteriormente en posiciones comerciales y de dirección relacionadas con perfiles técnicos y operacionales, y fue esa experiencia la que me permitió conocer de cerca sectores donde, tradicionalmente, la presencia femenina ha sido menor, y ayudarme a entender el porqué de la necesidad de abrir el debate que ahora nos ocupa. 

Con el tiempo tuve la oportunidad de unirme a Michael Page, una compañía en la que llevo más de una década y donde hoy lidero un equipo de consultores especializados en la selección de perfiles medios y directivos en áreas como ventas y operaciones. Desde esta posición he podido observar de forma privilegiada la evolución del mercado laboral y, especialmente, el papel que las mujeres están empezando a ocupar dentro de él.

Lo que vemos hoy es una realidad con dos caras. Por un lado, el talento femenino está más preparado que nunca, las nuevas generaciones de profesionales llegan al mercado laboral con altos niveles de formación, experiencia internacional y una ambición profesional muy clara. Por otro lado, siguen existiendo determinados sectores y niveles de liderazgo donde la representación femenina aún es limitada.

Y añado otra reflexión: se requieren más referentes visibles porque si lo ves, puedes serlo. Necesitamos dar visibilidad real y constante a las mujeres que hoy ocupan posiciones de alta dirección, para que su voz, su discurso y su trayectoria lleguen al mayor número posible de mujeres jóvenes que puedan verse reflejadas y entender que esos roles son alcanzables.

Presidentas del IBEX, directoras generales, mujeres liderando transformaciones globales… sus experiencias deben responder a una pregunta clave: ¿Qué hay que hacer para llegar hasta ahí? La falta de referentes limita aspiraciones. La presencia de referentes las multiplica.

Hace unos días, en una conversación con compañeros de trabajo, surgía una reflexión que probablemente muchos hemos tenido alguna vez: ¿Cómo es posible que durante la etapa escolar las niñas destaquen por su responsabilidad, madurez y rendimiento académico, pero al llegar al mundo empresarial su presencia en puestos de alta dirección siga siendo tan reducida?

La pregunta es tan simple como profundo es el análisis. No existe un único motivo, sino un entramado de factores sociales, culturales, estructurales y personales que, combinados, generan este «embudo» de talento femenino. Pero precisamente por tratarse de una cuestión multifactorial, también tenemos múltiples ángulos desde los que actuar como sociedad.

Desde la perspectiva de quienes trabajamos en una consultoría de talento, el mercado laboral también está evolucionando hacia modelos de liderazgo diferentes. Las organizaciones buscan cada vez más perfiles capaces de combinar visión estratégica, capacidad de gestión y habilidades humanas como la empatía, la comunicación o la construcción de equipos diversos, y esos suelen asociarse más a rasgos femeninos. 

Por eso, cuando hablamos de liderazgo femenino no deberíamos hacerlo únicamente en términos de representación o cuotas, la verdadera conversación debería centrarse en cómo aprovechar mejor todo el talento disponible en las organizaciones, porque el talento no entiende de género, pero las oportunidades todavía no siempre se distribuyen de forma equitativa.

Para terminar, siempre me gusta hacer alusión a citas de personalidades que me han inspirado o que admiro. En este sentido, frecuentemente acudo a una reflexión de la científica Marie Curie, pionera en su campo y primera persona en recibir dos premios Nobel en disciplinas científicas distintas: «Nada en la vida debe ser temido, solo comprendido».


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