El recadero magiar
25 de marzo 2026 - 03:09
Según publicaba The Washington Post y confirmaba el primer ministro polaco, Donald Tusk, el Gobierno húngaro informa puntualmente al señor Lavrov, ministro de Exteriores ruso, de aquello que se discute en el Consejo de la UE. El propio señor Tusk ha escrito en X: “La noticia de que la gente de Orban informa a Moscú de cada detalle de las reuniones del Consejo no debería sorprender a nadie”. A lo cual añade The Washington Post que era el ministro de Exteriores húngaro, señor Szijjártó, quien llamaba al señor Lavrov en los descansos del Consejo. Hecho que situaría al ministro Szijjártó en la incómoda situación del recadero diligente y obsequioso que solicita órdenes del capataz para actuar en consecuencia.
Esto del espionaje no deja de tener sus inconvenientes. Johnson, en conversación con Boswell, mantenía que el patriotismo era el último refugio de los canallas; aclarando luego que se refería a un falso patriotismo interesado. En el caso que nos ocupa, los trajines de la diplomacia húngara en los Consejos de la UE quizá se hallen más cerca de la primera acepción de patriotismo que de la segunda. Uno pensaba que “el gentil monstruo de Bruselas”, como lo titula Enzensberger, era una cuestión tediosa y funcionarial donde se cobraba con cierta esplendidez y se languidecía no menos espléndidamente. Pero he aquí que en los Consejos de la UE los ministros juegan a no decirse nada; o acaso a difundir noticias no del todo exactas para que el señor Szijjártó se las traslade con urgencia al señor Lavrov. Si recuerdan, el miércoles pasado hablábamos aquí del nacionalismo como una forma acreditada de servidumbre a intereses foráneos; asunto que se ilustraba con la actitud del señor Orban y otros “patriotas” más inclinados a los intereses rusos, chinos o norteamericanos, que a la propia supervivencia de la Unión Europea. Ahora es el ministro de Exteriores húngaro quien contribuye a cimentar dicha evidencia.
El propio señor Tusk ha confesado que en las cumbres europeas solo toma la palabra cuando es estrictamente necesario, y ello para decir lo justo. Parquedad que, referida a un político profesional, no dejará de ser un esfuerzo encomiable. La otra opción sería invitar como oyente al señor Lavrov. Pero esa hipótesis no es fácil que la contemple el gabinete ruso. Para ese tipo de labores, un tanto desairadas, parece que ya tienen al señor Szijjártó.
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