¿100 días, carajo?: Bolivia no se repara a plazo fijo
La crisis no se resuelve con intereses a plazo fijo, sino con ahorro de confianza, transparencia y por cuotas, sin intereses pero con seguridad jurídica.
En Bolivia hemos convertido el plazo en doctrina y el ultimátum en método de gobierno. La política dejó de ser construcción paciente de consensos para transformarse en una carrera contra relojes artificiales: 48 horas para aprobar una ley, 72 horas para abrogar un decreto, 24 horas para que renuncie. ¿100 días para salvar la economía?
El masismo creó este sambito —esa liturgia de la amenaza pública— donde si no se resuelve “esto o lo otro”, vienen las medidas, el bloqueo, el cerco, la presión y la extorsión. Se institucionalizó la política del plazo, de la advertencia altisonante y del ultimátum permanente. En este país gobernar pasó a ser administrar tensiones con cronómetro en mano.
En Bolivia, los “100 días” se han convertido en una unidad de medida política más precisa que el kilo de harina subvencionada y más elástica que el tipo de cambio paralelo.
Cada cierto tiempo, un líder promete que en ese lapso bíblico —ni muy corto para parecer improvisado, ni muy largo para perder la paciencia popular— se resolverán los males estructurales del país.
Ahora, con los primeros 100 días de Gobierno del presidente Rodrigo Paz, la tradición vuelve a escena, inevitablemente comparada con la promesa demagógica de Samuel Doria Medina, quien aseguró que en sus primeros 100 días, carajo, el gran problema económico de Bolivia estaría resuelto en un santiamén.
Y, en un eco histórico más dramático, con los célebres 100 días que prometió el expresidente Hernán Siles Zuazo en los turbulentos años 80. La pregunta es tan seductora........
