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Las raíces ancestrales del Carnaval

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13.02.2026

El Carnaval es la festividad más importante en los valles y alturas de Cochabamba y de todo el país, incluida toda Iberoamérica, donde por supuesto, destaca Brasil.

En el mundo andino el Carnaval dio comienzo en enero con Tunupa-Ekeko de La Paz y terminará en abril con Pacua Carnaval en los valles.

Estas fechas se rigen al antiguo calendario lunar con el que se gobernaba el llamado Inkario y coincide con el calendario gregoriano que marca los días movibles de Carnaval y Semana Santa. Normalmente se festeja entre febrero y abril.

En esta celebración, los habitantes de las alturas, valles y llanos de los Andes hacían largos viajes para reunirse con sus familias de otros Ayllus; así mismo buscar esposa, y realizar dos rituales muy importantes: el cambio de ropa de los adolescentes, o, Warachiko, y, la toma de nombre de los niños con el corte de pelo, o, Uma rutuku. A las personas no les importaba viajar cientos o decenas de kilómetros, llevando de visita las primeras cosechas de sus campos, así mismo llamas y conejos. Esto creaba un flujo enorme de traslados y creaba lazos de amistad e intercambio económico a través de los pequeños e improvisados mercados llamados Tampu, o, Tambo.

En este tiempo era muy importante la socialización de las costumbres y el respeto por ellas. En algunas zonas del altiplano se acudía en romería al lago Titikaka para rendir culto a los personajes míticos que dieron origen a los Inka, y estos fueron Manko Khapajj Y Mama Oqllu. Se festejaba con el estreno de hermosas vestimentas y bailes acompañados de tambor y flautas de caña.

En los valles los huéspedes eran recibidos con Taki, o, canciones, a las cuales respondía la visita con otro Taki, de esta manera se daba el ancestral Takipayanaku, con muestras de alegría y chascarrillos. Se los recibía con flores y abundante comida de la Mishka, o, cosecha temprana. Todo el tiempo se organizaban diversos juegos de competencia como el Riwi, Choka, Wayruru, Pichika, Jilankula, Chakllko Chima y otros juegos, hoy desaparecidos.

En todas partes, se trataba de contentar y espantar a Supay, el ánima de las montañas que, en estas épocas, dice la leyenda, salía para comerse a las personas y a las cosechas desmoronando los cerros y trayendo la mazamorra. Se tranquilizaba escuchando la música y recibiendo la Ch’alla de todos los lugares, especialmente de trabajo agrícola y minero.

La colonización trajo consigo la cristianización de la cultura Inka. A pesar de su poder ideológico se mantuvieron hasta el presente las raíces ancestrales que caracterizan a los primeros meses lunares del calendario Inka. Los nombres se han cambiado a: Alasitas, Fiesta de Candelaria, Tiempo de Carnaval: compadres y comadres, carnestolendas,  takipayanakus, ch’alla de martes de Carnaval, qopuyu, pascua carnaval. Y así diferentes bailes y canticos que surgieron según la región, el país, la provincia e inclusive la comunidad. Lo importante es que se mantiene el espíritu de encuentro humano, el espíritu lúdico y de socialización, donde las diferencias de clase y de raza se anulan, porque en este tiempo todos somos seres humanos. Porque ¨en Carnaval todo se soporta¨.

La autora es antropóloga, psicóloga e investigadora


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