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De Godard a Bardem, la inmoralidad de la moralina

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24.03.2026

De Godard a Bardem, la inmoralidad de la moralina

A Bardem le viene que ni pintado lo de "imbécil pequeño-burgués reaccionario disfrazado de radical" que le soltaron los chinos maoístas a Godard,

Javier Bardem con las pegatinas del No a la guerra y Free Palestine en los Óscar 2026 me recordó a Jean-Luc Godard irrumpiendo en el Festival de Cannes en 1968, flanqueado por Truffaut, Polanski y Malle, exigiendo la suspensión inmediata del certamen en nombre de la solidaridad con los estudiantes y obreros en plena revuelta de Mayo. En una de esas imágenes icónicas, Godard le grita a un colega: "¡Yo os hablo de la solidaridad con los estudiantes y los obreros, y vosotros me habláis de travelling y planos generales! ¡Sois unos imbéciles!".

Un año antes, en 1967, el mismo Godard —ya furibundo antiimperialista yanqui y marxista-leninista-maoísta de manual— había rodado La Chinoise, esa fábula sobre una célula de estudiantes parisinos adoradores de Mao, el Partido Comunista Chino y su Libro Rojo. La embajada de China en París le mandó una carta fulminante diciéndole que odiaban la película, Godard no entendía nada de China, de su revolución, de Mao ni del Libro Rojo; para ellos era la obra de un imbécil pequeño-burgués reaccionario disfrazado de radical, y si pudieran habrían prohibido hasta el título La Chinoise. Por supuesto, si Godard hubiera intentado rodar aquello en la China de la Revolución Cultural en vez de en la Francia gaullista (liberal pero con su punto autoritario), lo habrían mandado directo a un campo de reeducación o al paredón. Es una película magnífica, y Godard sigue siendo el arquetipo perfecto del genio imbécil: los chinos, comunistas pero no tontos, lo calaron al instante.

En los Óscar de 2026, Bardem (genio de la interpretación, activista idiota) subió al escenario con Priyanka Chopra para entregar el premio a Mejor Película Internacional —que se llevó Valor sentimental de Joachim Trier—, luciendo sus pines de No a la guerra (el mismo que llevó en 2003 contra Irak) y Free Palestine, y soltó su "No to war and free Palestine" antes de anunciar los nominados. Recibió aplausos.

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Para dicho premio estaba también nominada la película del iraní Jafar Panahi —perseguido durante décadas por el régimen teocrático de los ayatolás, obligado a rodar en secreto, con prohibiciones de salida del país—, pero Bardem no dedicó ni media palabra en la tribuna al colega de carne y hueso que sí sufre censura, cárcel y asfixia real por hacer cine disidente en un régimen islamista. Prefirió el cliché grandilocuente y la abstracción geopolítica en Los Ángeles. La explicación es sencilla y vieja como el cine militante: a Bardem, igual que a Godard, no le interesan tanto las personas concretas —el preso iraní, el disidente silenciado, el cineasta que arriesga la vida de verdad— como las grandes causas abstractas, simplistas y, a menudo, profundamente antihumanas cuando se las mira de cerca. Es el eterno síndrome del intelectual occidental que abraza la bandera lejana y al dictador-terrorista (ayer, Mao; hoy, Hamás y los ayatolás) porque le permite sentirse radical sin ensuciarse las manos con las contradicciones del patio de su propia casa. A Bardem le viene que ni pintado lo de "imbécil pequeño-burgués reaccionario disfrazado de radical" que le soltaron los chinos maoístas a Godard, pero todavía más ajustado, por venir de alguien que pensaba que las personas son más importantes que la ideas, es lo que le dedicó su examigo Truffaut cuando se distanciaron debido a la megalomanía narcisista del cineasta suizo:

«Tan amante como siempre de los grandes gestos y los anuncios espectaculares, tan arrogante y dogmático como siempre, seguro en tu pedestal (...) Entre tu interés por las masas y tu propio narcisismo no hay sitio para algo o alguien más (...) Eres la Ursula Andress de la militancia»

Pero no cabe ser tan sectarios como ellos, ni tan estúpidos, por lo cual sigue siendo posible, necesario y honesto seguir amando las películas de Godard a pesar de Jean-Luc Godard y las interpretaciones de Bardem a pesar de Javier. Como sucede con las pinturas de Pablo Picasso a pesar de Pablo y de Salvador Dalí a pesar de Salvador, o de las canciones de Bob Dylan a pesar de Bob y las teorías de Albert Einstein a pesar de Albert, etc. etc.


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