Los reyes de Francia no conquistaron México
Los reyes de Francia no conquistaron México
Oportunistas compensaciones de la esquizofrénica élite mexicana del que mejor haría alejándose el jefe del Estado español.
Parece que el rey Felipe VI, ilustre descendiente de Luis XV de Francia, ha considerado necesario excusarse a instancias de la presidenta de México, una señora judía de origen centroeuropeo, por la conducta de los monarcas españoles y sus enviados cuando la Conquista. Esa señora de apellido impronunciable –la de estirpe lituana y búlgara– es muy probable que lo ignore, pero don Felipe, que posee justa fama de ser hombre muy preparado, sabrá con certeza que la fuerza militar que usó Hernán Cortés para derrotar al Imperio azteca apenas dispuso de dieciséis expedicionarios montados a caballo.
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Y derrotar a todo un imperio con dieciséis jinetes, tal como Cortés lo hizo, hubiese sido empresa metafísicamente imposible de no haber contado para su consumación con el concurso de decenas de miles de indígenas. Unos indígenas hartos de ser descuartizados por los caciques aztecas en bárbaros rituales; indígenas por cuya memoria histórica nadie, ni en el zoco México ni en el Palacio de la Zarzuela de Madrid, derrama hoy ni una sola lágrima. En los Estados Unidos Mexicanos, país la mitad de cuyo territorio nacional fue robado a sangre y fuego por los otros Estados Unidos cuando Hernán Cortés ya llevaba varios siglos muerto, se ha convertido en un gran negocio político reclamar compensaciones a España, acaso para encubrir la cobardía sin límites de sus dirigentes frente al usurpador del Norte.
Un juego de oportunistas compensaciones freudianas, el de la siempre esquizofrénica élite mexicana, del que mucho mejor haría manteniéndose bien alejado el jefe del Estado. Y ello aunque sólo fuese porque los únicos en verdad legitimados para pedir o dejar de pedir perdón a esa señora tan airada –la del ADN lituano–, y todo por agravios acontecidos en el siglo XVI en un continente que no era el suyo, yacen bajo sepulturas desde hace varias centurias. Pues ni tan siquiera sus descendientes directos, los actuales pobladores de México de raíz no nativa, cargan con responsabilidades por la conducta de sus trastarabuelos. ¿Quiere Claudia Sheinbaum un chivo expiatorio? Que excomulgue a la estirpe de Andrés Manuel López Obrador.
