El mundo en que crecimos ya no existe
El mundo en que crecimos ya no existe
El mundo en que nacimos dejó de existir en algún punto de la última década; tenemos entradas de primera fila a un concierto de la orquesta del Titanic.
Tenía quince años cuando las editoriales decidieron actualizar los libros de texto de la asignatura de geografía e incluir dos docenas de países nuevos en el atlas, que los alumnos de segundo de BUP nos tuvimos que aprender, junto con sus capitales y sus banderas, en los primeros meses del curso 1994-95. De Kirguistán a Bosnia y de Eslovaquia a Azerbaiyán, aquel alud de banderas y naciones fue el final de un largo proceso comenzado tras el final de la Segunda Guerra Mundial: la extinción de la URSS no fue más que el final de la descolonización, o uno de sus últimos capítulos. Al fin y al cabo, Rusia sigue siendo un imperio colonial, al que nadie llama así porque se beneficia de la contigüidad y de no ser parte de Occidente.
El desmoronamiento del imperio soviético también supuso la consolidación del modelo de relaciones internacionales salido de las ruinas de Hiroshima y Nagasaki. Estados Unidos como Hegemón, el Fin de la Historia, etcétera. Ese modelo se está agotando a ojos vista. Asumámoslo. Podemos bracear contra la corriente todo lo que queramos, pero la realidad es testaruda y además le dan igual nuestros sentimientos. El mundo en que nacimos dejó de existir en algún punto de la última década; tenemos entradas de primera fila a un concierto de la orquesta del Titanic.
Hay una diferencia crucial entre........
