Pujol
La magnitud de lo que se está juzgando en la Audiencia Nacional pilló a quien más, quien menos, con el pie cambiado. ¿Cómo nos dejamos hacer eso?
Supongo que desde fuera de Cataluña cuesta entender, o directamente no se entiende. Pero el escándalo Pujol, cuando petó en 2014, fue un trauma para todos. Antipujolistas incluidos. No es que nadie se hiciera excesivas ilusiones sobre la familia del molt honorable. Pero la magnitud de lo que se está juzgando estos días en la Audiencia Nacional pilló a quien más, quien menos, con el pie cambiado. ¿Cómo nos dejamos hacer eso?
Es tentadoramente fácil simplificar todo, decir que esto ya se veía venir desde el caso Banca Catalana. Pero no es cierto. No niego que quizás al escribir esto me pueda cierta sentimentalidad: soy hija de un matrimonio de catalanes, los dos empobrecidos y humillados por la guerra civil, que pasaron del apoliticismo al desconcierto político y de ahí a ser tan fans de Jordi Pujol, que la única manifestación a la que asistieron en toda su vida fue para defenderle. Precisamente cuando lo de Banca Catalana.
Pasé años de mi vida siguiendo como periodista al entonces president. Años enteros dan para fijarse en muchas cosas. Por ejemplo, en las rarezas de un señor que se pasó 23 años sin llevar dinero en el bolsillo. No sabía cuánto costaban una Coca-Cola –"un Coca-Cola", en masculino, para él; figúrense– ni un café. Una vez........
