El ‘Guernica’ de Ayuso y la Dama incómoda de Elx
La Dama d'Elx con el 'Gernica' de Picasso de fondo. / Levante-EMV
Isabel Díaz Ayuso ha decidido que pedir el traslado del Guernica a Bilbao es poco menos que una catetada. Un argumento que no solo fija posición sobre el mítico cuadro de Pablo Picasso o sobre el centralismo cultural con barniz institucional. También complica el discurso de más de uno en el PP valenciano. Porque, si reclamar el Guernica para una conmemoración vasca resulta paleto, convendría aclarar entonces qué nombre merece la reivindicación de que la Dama d’Elx vuelva temporalmente a la ciudad donde apareció.
La comparación, sin ser exacta, resulta incómoda. El Gobierno vasco quiere exhibir el cuadro para conmemorar el 90 aniversario del bombardeo de Gernika, pero los técnicos del Reina Sofía se oponen alegando la fragilidad de la obra. Es un argumento serio, desde luego. El mismo, o muy parecido, que se emplea desde hace años para cerrar la puerta a cualquier regreso de la Dama. Una razón científica impecable que, a su vez, se convierte en una coartada político-administrativa muy rentable.
Madrid tiene esa habilidad especial para convertir sus intereses en sentido común nacional. Porque lo suyo nunca es centralismo: siempre es custodia. Lo ajeno, venga de cualquiera de los cuatro puntos cardinales peninsulares, rara vez se presenta como justicia cultural y suele despacharse como ansiedad localista.
Ayuso ha puesto en apuros al president de la Generalitat y, de paso, a cualquiera que en el PPCV haya defendido la vuelta temporal de la Dama. Si asumen sin matices el argumentario madrileño sobre el Guernica, se desarman ante el alcalde de Elx. Y si sostienen que la vuelta de la Dama sería un acto de justicia simbólica, entonces no pueden despachar la petición vasca con desprecio.
Además, la reclamación ilicitana no es solo sentimental. Tiene respaldo cívico. Y encuentra incluso apoyo argumental en voces como la de la jurista Katia Fach Gómez, que sostiene que la Dama d’Elx no es el Partenón, así que su regreso no sería un disparate. Es decir, se trata de revisar un viejo relato museístico que casi siempre beneficia al mismo centro.
Al final, el verdadero provincianismo consiste en creer que el origen legítimo de todas las cosas sigue estando en Madrid.
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Juan Francisco Pérez Llorca
