Una ilusión a la tristeza
Como yo, todos los que en algún momento de nuestra vida decidimos migrar, lo hemos hecho con un propósito: ayudar económicamente a nuestras familias y comprarnos una ”casita”. Al menos esa es la intención de todos los que he conocido. Emigramos donde las condiciones económicas sean mejores que en nuestro país, donde podamos tener un trabajo, no importa cuál ni las condiciones. Sabemos que tenemos que realizar el trabajo que otros no hacen, sabemos que no vale para nada tu perfil profesional que traes de origen, acá no puedes exigir nada: sin papeles no existes. Cuando llegas al país que elegiste, el cambio es drástico en todos los aspectos, todo te hace vulnerable pero no importa porque venimos a cumplir nuestro sueño y nuestra meta. Sea la que sea, esa es nuestra triste realidad.
En nuestra patria han quedado nuestras familias: esposa, hijos, hijas, hermanos… pero, sobre todo, nuestros padres y madres que, en muchos casos, son nuestra........
