La verdadera guerra
Marcha funeral en Teherán por los líderes muertos. / ABEDIN TAHERKENAREH
Por razones que no vienen a cuento, me he pasado unos días rebuscando en el baúl de la hemeroteca. No sé cómo acabé un día delante de uno de los artículos que Fernando Delgado publicaba cada día, sin falta, hace un cuarto de siglo en este periódico. Me agarró el título: ‘La verdadera guerra’. ¿Cuál lo es? Criticaba a Aznar, entonces presidente, por unas declaraciones engoladas en la endiosada Universidad de Harvard, al decir que veía signos de que los bombardeos de la OTAN estaban consiguiendo sus objetivos en Kosovo. Sin embargo, contraponía Fernando Delgado, de lo que se tenía noticia era de la muerte de decenas de civiles por los misiles caídos sobre un puente. Y así, “en una guerra que se nos anunciaba con tantas exactitudes”, al final la OTAN tenía que reconocer la existencia de errores, porque “toda guerra parece -también las modernas- que ha de tener un margen de errores”. Suena todo terriblemente actual, porque la guerra de hoy se sigue traduciendo en muertes inocentes, “héroes obligados” y seres caídos. Ahora, no obstante, ya ni hace falta el subterfugio del ‘error’. Todo va con más testosterona.
Por entonces, mayo de 1999, no conocía a Fernando. Hoy que lo recordamos con su sonrisa fácil y aquel “queridos” con el que te abrazaba en su casa, le diría que el tiempo pasa, pero no termina de pasar. Le diría que estamos en Irán como estábamos en Kosovo entonces y como estábamos antes en Vietnam, cuando se agotó la arena de playa bajo los adoquines, como decía la canción de cuando aún éramos jóvenes.
La guerra la seguimos llevando dentro, ahora en Irán, hace poco en Gaza, un poco más allá en Ucrania, con miles de civiles enterrados antes de hora por no se sabe bien qué razón.
Imagen de una de las corridas de la feria de Fallas de 2026. / Germán Caballero
Y hay otras guerras que seguimos llevando dentro, Fernando, pienso al ver una fotografía de las Fallas de este año, que son algo más que petardos. Un torero levanta las brazos eufórico manchado de sangre, mientras al fondo se ve los estertores del toro al tiempo que un subalterno le da la puntilla puñal en mano. ¿Podemos seguir disfrutando con la agonía de un animal en 2026? Parece que sí. La asistencia a la "fiesta nacional" (eso decían antes), que parecía agonizar, crece. Será por eso: por ser más como antes. Un amigo fue con su hija adolescente en estas fiestas. Ella iba por “el ambiente”, decía, lo del ruedo era lo de menos. Lo principal eran las gentes entre las que podía reconocerse e identificarse. Esas gentes que llevan suéters con marca de capote (taurino, no el escritor) y se ufanan de que caigan bombas al compás de la ley del más fuerte, porque ellos creen también así ser de los fuertes.
Noticias relacionadas y más
Hegseth pedirá 200.000 millones de dólares para financiar la guerra de Irán: "Hacen falta para eliminar a los malos"
Postals d’Alexandria a València
Así estamos, Fernando. En ese caldo nos vamos cociendo en esta primavera de 2026. La verdadera guerra nos sigue persiguiendo.
Suscríbete para seguir leyendo
