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Boquita de dragón

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05.04.2026

Susana Camarero en las Corts Valencianes. / Levante-EMV

Ahí está, en el vídeo que acompaña la noticia periodística. La imagen de una mujer que gesticula con violencia. Que se agita no como la niña de 'El exorcista', pero casi. Que se vuelca como si se fuera a partir en dos sobre el suelo del hemiciclo parlamentario. Que no ve cómo quienes la rodean están en modo pausa excesiva, como si los gritos de la mujer hubieran acabado con su vida porque hay palabras que son como bombas de las que matan niños y niñas en las guerras que nunca según dicen matan a civiles. Que alarga los brazos y pone las manos como si fueran las de una pianista que aporrea con rabia las teclas en vez de acariciarlas. Que a veces cruza los dedos de esas manos como si fuera a trenzar con ellos una bufanda para que el invierno no convierta la garganta en un grumo de mocos verdes mezclados con cazalla. Que de vez en cuando despierta el aplauso de un par de muertos de su cuerda que estaban medio dormidos a su espalda. Que ni se da cuenta de que es como esa turbadora alucinación surgida de una novela de Pierre Michon: "Más allá de cualquier rubor aquellas palabras suyas eran una vergüenza en estado puro".

Ahí estaba la mujer en el vídeo que acompañaba la noticia periodística. Unos días antes hubo otra noticia en la prensa. La pareja del presidente de la Generalitat, Juan Francisco Pérez Llorca, que trabajaba en el ayuntamiento de Finestrat, el pueblo del que era alcalde el ahora presidente del gobierno valenciano, dejaba su puesto de trabajo y pasaba a otro en la Diputación de València. Una comisión de las llamadas de servicios en lenguaje administrativo. Vale. La Ley no niega ese procedimiento. Como Pérez Llorca vivirá en València, ella puede solicitar nuevo destino para que la conciliación familiar sea posible. Lo que ya no es tan normal es que hayan creado para Vanesa Soler una plaza "de urgencia" en la institución presidida por su amigo Vicente Mompó, un nuevo trabajo por el que va a cobrar más de 50.000 euros, una cifra tan alta como la Torre Eiffel si la comparamos con lo que antes cobraba en el ayuntamiento de su pueblo. Todo lo ha defendido el PP como absolutamente dentro de la normalidad. Igual sí que lo es. No lo sé. Lo que sé es que ese traslado huele como el agua turbia que supura por los desagües de una casa en ruinas.

Las dos noticias juntas en esta columna de domingo. Cuando vi el vídeo que les comentaba al principio lo había hecho sin sonido. Luego, ya le quité la crucecita al altavoz y escuché lo que gritaba la mujer en el Parlamento valenciano. La verdad es que daba una miaja de miedo. Si cuando la veía sin voz era como la inquietante niña de 'El exorcista', ahora me la imaginaba como Jack Nicholson persiguiendo a su mujer y a su hijo en el tenebroso hotel de 'El resplandor'. Sólo le faltaba el hacha.

Defensora acérrima de Mazón

Lo que no le faltaba a Susana Camarero, defensora acérrima de las mentiras de Mazón cuando la dana y vicepresidenta del gobierno valenciano, era el veneno que inoculaba a sus palabras cuando se preguntaba por qué la oposición había criticado el nuevo trabajo de la mujer del presidente de la Generalitat. Escudera antes de Mazón como el Crispín de 'El Capitán Trueno', ahora ejercía de Pedrín en los tebeos protagonizados por Roberto Alcázar, el intrépido detective español de cuando yo era un crío que vivía en esa dictadura que tanto les gusta a la señora vicepresidenta y a sus leales camaradas. Cuando la escuchas en el vídeo, no te acabas de creer que esté diciendo lo que dice. De verdad que no te lo acabas de creer. No sé cómo la boca no se le incendió como a un dragón de los cuentos infantiles. Salfumán en estado puro. Para defender a la mujer del jefe, arremetía contra la oposición parlamentaria fuera de sí. La acusó de "machista", de haber consentido a "abusadores" y en medias de eso soltó la del mundial: "ustedes que consienten que el Gobierno esté lleno de prostitutas…". Se refería, evidentemente, al Gobierno progresista presidido por Pedro Sánchez, a ver a cuál si no.

Un Gobierno lleno de prostitutas. El hacha de Jack Nicholson se quedaba en una simple cortaúñas al lado del armamento nuclear que se apreciaba en las manos de la incontenible y airada vicepresidenta, una vicepresidenta que en el día trágico de la dana abandonó su puesto en Emergencias y a las residencias de mayores de las que era responsable y se fue sin ningún pudor a una festiva celebración con empresarios. Daba yuyu esa mujer que, sin parar de gritar como en un aquelarre en noche de luna llena, confundía la razón con los monstruos goyescos que la sinrazón engendra. Luego se justificó diciendo que había sido un "lapsus" y pidió con todo el morro que se borrara la frase del diario de sesiones. Ni disculpas ni nada. El veneno ya estaba en su sitio lanzado como con lanzallamas por su boquita de dragón. Había seguido el guion a rajatabla y sin fisuras. La pareja de muertos de su cuerda que dormitaba a su espalda aplaudió la representación de la jefa. Todo prostitutas en el Gobierno. Las palabras convertidas en ese barro indecente que ensucia la política, que confunden aposta la oratoria con el insulto desbocado, que en vez de llenar de luz el espacio donde se pronuncian, vergonzosamente lo ensombrecen. Un lapsus, dijo la mujer contorsionista. Y se quedó tan ancha. En fin…


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