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“No podemos separar tan fácilmente el dolor del humor”. Entrevista a Cezanne Cardona

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12.02.2026

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El escritor, profesor y columnista puertorriqueño Cezanne Cardona, autor de Levittown mon amour (Seix Barral, 2018) y una de las voces más sólidas de la narrativa contemporánea de Puerto Rico, reflexiona en su novela Esto también es una casa (Seix Barral, 2025) sobre los vínculos familiares, la dimensión política de lo cotidiano y la relación entre la casa y el paisaje puertorriqueño. La historia se articula alrededor de una familia marcada por las ausencias, tensiones y silencios, que se despliega en torno a una ferretería de barrrio que funciona como hogar, espacio de trabajo y punto de encuentro. A través de una mirada infantil lúcida, irónica y profundamente sensible, la novela construye un clima de tensión sostenida donde la ternura convive con las violencias cotidianas y los objetos domésticos se convierten en portadores de memoria, conflicto y negociación afectiva.

En Esto también es una casa, la casa aparece a la vez como refugio y como amenaza. ¿De qué manera surge esa ambivalencia y qué querías explorar a través de ella?

En Puerto Rico la casa ha sido históricamente un centro de resistencia cotidiana frente a cierta colonialidad. Desde el siglo XIX, el acceso a la tierra ha sido problemático para las clases más desfavorecidas. Tras la reforma agraria del Partido Popular Democrático en los años cincuenta, la casa se convirtió en una forma de ser y estar en el país. Desde el verso de Luis Lloréns Torres, a principios del siglo XX: “mi bohío es mi fortuna”, hasta la residencia de Bad Bunny, la serie de conciertos tras su disco Debí tirar más fotos, la casa ha sido una de las metáforas de país más recurrentes de los puertorriqueños. La casa como espacio de negociación cotidiana y de identidad, la casa como defensa frente a los embates del Caribe huracanado, la casa como cárcel y liberación, la casa como deseo, como promesa y pesadilla, la casa como modelo de modernidad, como herencia y continuidad, la casa como un país portátil, como ascensor social.

Con el cambio de una economía agrícola a una industrial, la casa se convirtió entonces en el centro de operaciones de la clase media y sueño americano en la isla. Eso fue lo que retraté en los cuentos de Levittown mon amour, como una metáfora de ese sueño americano venido a menos. En........

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