menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Carlos Martínez Gorriarán: “El pensamiento utópico es una especie de chantaje emocional”

26 0
21.07.2026

Nombre de usuario o dirección de correo

Carlos Martínez Gorriarán fue desde 1992 profesor de Estética en la Universidad del País Vasco, de la que se prejubiló el pasado febrero denunciando un ambiente político irrespirable. Dedicado profesionalmente al mundo de las ideas, en la década de los noventa se volcó de lleno en la lucha contra ETA como miembro fundador del Foro de Ermua y ¡Basta Ya! Unos años más tarde estuvo en la génesis de UPyD, partido por el que fue diputado en las Cortes entre 2011 y 2016. Aunque alejado desde entonces de la política activa, sigue muy presente en redes y en el diario Vozpópuli. Sus textos —como las intervenciones que en su momento ofreció en el Congreso de los Diputados— combinan altura intelectual y claridad expositiva. Es el caso de su libro más reciente, Utopía y desastre. Los intelectuales y la estupidez política (Espasa), sobre el que trata la siguiente conversación.

Quería empezar con una cita célebre de Orwell que aparece en la introducción del libro: “Ciertas creencias son tan estúpidas que solo un intelectual podría sostenerlas”. ¿Por qué este fenómeno aparentemente contraintuitivo se ha repetido tanto a lo largo de la historia?

Lo que pasó, ahora que tenemos tiempo para verlo con perspectiva histórica, es que el intelectual se convirtió en una profesión. El intelectual no era simplemente alguien experto en determinado campo del saber que además hablaba de cosas de interés público, sino que se convirtió en un oficio. Y ese oficio ya venía con una carga ideológica dada, que no siempre ha sido la misma. Ha habido cambios históricos también bastante notables.

Dice que el problema es que estas ideas pueden ser peligrosas por el “prestigio del origen”. Tienen una influencia que no tiene la estupidez de cualquier ciudadano normal y corriente.

Creo que hay que partir de eso. Estupideces cometemos todos, eso está claro, a veces varias al día. Pero otra cosa es que la estupidez se convierta en una actitud, es decir, que apoyes contra viento y marea cosas completamente disparatadas, absurdas, dañinas y contraproducentes porque es tu oficio. Es lo que te hablaba de la profesionalización, que se da tanto en la izquierda como en la derecha. Por eso es peligroso, porque tú estás esperando de unas personas a las que concedes de entrada una neutralidad y una búsqueda de la verdad, un esfuerzo por profundizar, y te encuentras superficialidad, sectarismo y este tipo de cosas.

Aunque el pensamiento utópico se remonta al origen mismo de la teoría política, con Platón, cuando pensamos en utopías modernas y su intento de implantación real en el mundo, pensamos en la Revolución francesa como primer hito. Usted dice que es la primera revolución moderna integral, que afecta a todas las esferas de la vida, y también la primera donde los intelectuales alcanzaron protagonismo político. Añade que ese primer gobierno de intelectuales radicales fue una dictadura.

La Revolución francesa es la que, de alguna manera, entroniza al intelectual como político. Pero es, por otra parte, una persona que, en el caso de los jacobinos en concreto, tiene la cabeza amueblada por una serie de fantasías, casi todas tomadas de una lectura de Rousseau muy dogmática, muy religiosa, muy de adorar a Rousseau como el profeta de la nueva era. Y, claro, cuando ves efectivamente cómo fue el gobierno de Robespierre, es una cosa que enseguida llama la atención. Los principales jacobinos eran periodistas: Marat, Danton, el propio Robespierre, etcétera. Aparece ya esa idea de la vanguardia intelectual, que es la que sabe lo que los demás no saben, que podemos enlazar con Platón, por supuesto, aunque no es que fueran platónicos. Ahí aparece esa tendencia a concebir la política como el cambio utópico del mundo. Por eso he insistido en la comparación con los Estados Unidos, que no es un gobierno de intelectuales, sino un gobierno de la élite profesional.

Es interesante esa comparación con Estados Unidos, donde no existe el intelectual de estilo europeo y donde el utopismo viene por el lado de la religión. Ahí estaría el origen de lo que en los últimos años se ha dado en llamar “cultura woke”, que usted defiende que tiene su vertiente de derechas.

Sí, hay gente que se cabrea, yo no sé qué pasa. Parece que se ha instalado la tontería de que el wokismo sea una especie de comunismo disfrazado de lagarterana. Y eso no es así. En el caso de Estados Unidos está clarísimo que el wokismo es una cosa que viene del Great Awakening y la tradición protestante de reformar y refundar sus iglesias una y otra vez. Además, parece que crea un patrón. Estados Unidos siempre ha importado sus intelectuales. Hay muy pocos americanos, puramente americanos. Hablo de pasada del famoso círculo de Concord, pero era una gente marginal que estaba en un pueblo de Massachusetts. Para nada puedes compararlos con los intelectuales de París, en absoluto. Y el único que parece un intelectual de los Padres fundadores, de los americanos-americanos (no Thomas Paine, que es otra importación), es Benjamin Franklin, otro periodista. Y sigue siendo así. Estados Unidos hoy en día sigue siendo un país donde los intelectuales no tienen el papel de protagonismo político que tienen en Europa, pero en cambio sí los predicadores.

En la primera parte del libro, resulta muy interesante el capítulo que dedica a Hispanoamérica, de la que no siempre se habla. Allí el utopismo se manifestó en la idea de que podían crearse naciones modernas y cohesionadas básicamente por decreto, a pesar de la enorme complejidad de sus sociedades.

Es que la esencia del pensamiento utópico, y eso viene de Platón, es el punto cero. O sea, que uno puede borrar la pizarra y empezar a escribir desde cero. Y claro, eso es un disparate, como se ha comprobado infinidad de veces. A mí me pareció que Hispanoamérica es un punto clave para esto. Por cierto, también lo dice Anderson en su famoso libro Comunidades imaginadas, que los primeros países que........

© Letras Libres