¿Qué leía Franco?
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Allá por 1975, Heinrich Böll publicó una amplia reseña de un libro titulado Las lecturas priva-das de Sigmund Freud. Un libro de Peter Brückner donde éste hacía el inventario de la biblioteca particular del creador del psicoanálisis, y extraía de ello las más sabrosas conclusiones, no todas necesariamente basadas en su inventario sino también en alguna frase suelta del propio Freud: "Para mí, el fantasear y el trabajar son una misma cosa, y fue-ra de eso nada me divierte". Comentario de Brückner: "En una persona con su capacidad de trabajo no se puede excluir que tanto en uno como en otro caso, la inclinación al libro haya reconciliado dos tendencias opuestas: la tendencia a la pereza y la repugnancia hacia la inactividad".
Haciendo hincapié en ello, Heinrich Böll acierta al advertir que el problema esencial consiste en saber "si realmente se puede separar la lectura profesional por ejemplo, la de Dostoievski, que sin duda también era privada de la lectura privada, por ejemplo Sterne y Dickens". Y luego, avanzando en su propio análisis del inventario, Böll registra como curioso el hecho de que entre los autores preferidos por Freud predominen los británicos, con la excepción del danés Jens Peter Jacobsen, el holandés Multatuli (autor de ese clásico universal y desconocido que es Max Havelaar) y "el gran Cervantes. […] Todos, excepto Cervantes," sigue diciendo Böll, "de la Europa nórdica o noroccidental, todos de países donde había tenido........





















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