Casa Rorty LIX. La querella de los ideólogos
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Aunque no faltan quienes imploran que no se hable más del tema, cansados como están de leer artículos sobre un David Uclés que ya habría recibido publicidad suficiente, el aplazamiento de las jornadas sobre la Guerra Civil que iban a celebrarse en Sevilla –una vez que el susodicho Uclés manifestase públicamente que rompía su compromiso de asistir a ellas para no coincidir con José María Aznar e Iván Espinosa de los Monteros– no debe tomarse a la ligera. El episodio trasciende con mucho la figura del reciente ganador del así llamado Premio Nadal y equivale al involuntario autorretrato –más bien un selfi– de una sociedad civil contaminada de ideología e infiltrada por el partidismo. Tampoco hay que escandalizarse; conocemos el paño y las jornadas han sido felizmente reprogramadas para el mes de octubre. No obstante, desalienta constatar que el paso del tiempo no atenúa las emociones políticas que suscita entre nosotros el pasado lejano, sino que más bien sucede lo contrario. Y no es casualidad: son muchos quienes trabajan para que así sea, pues en ello les van los votos o el dinero. Pero el resultado final es, parafraseando el título de las jornadas de marras, que todos salimos perdiendo. O casi todos.
Naturalmente, la justificación ofrecida por Uclés a través de un vídeo subido a las redes sociales carece de la menor solidez intelectual: el suyo es un rechazo visceral al “Otro” que casualmente encaja con sus intereses comerciales. Se trata de un rechazo que no solo pasa por alto las miles de páginas escritas sobre nuestra contienda civil, sino que desprecia abiertamente los principios de pluralismo y tolerancia sobre los que se asienta una democracia liberal, faltando de paso al respeto a unos organizadores cuya voluntad conciliatoria y dialogante se expresaba en el programa inicial de las jornadas. Uclés ha llegado a decir que Aznar, uno de nuestros presidentes democráticos, es la persona que más “daño físico” ha infligido a los españoles en las últimas décadas; y que ambos, Espinosa y Aznar, vulneran los derechos fundamentales de los ciudadanos. ¡Ahí es nada! Tal como ha señalado Daniel Gascón, no puede debatirse con quien así se expresa; lo suyo no son ideas, sino posicionamientos indiferentes a cualquier evidencia. Pero de ahí no se deduce que sus palabras hayan de pasarse por alto, pues por desgracia poseen un alto valor representativo: demasiados españoles –políticos, intelectuales, votantes– sienten lo mismo o algo que se le parece mucho. Y no es un secreto que hay un vínculo entre esa belicosa sentimentalidad y la polarización afectiva que tanto nos aflige: como si llevásemos gafas bifocales y nos esforzásemos por mirar lo que tenemos cerca sin dejar de fijarnos en lo que queda lejos, cuando lo más sano para el cuerpo político sería cambiar de gafas según lo que quisiéramos observar en cada momento.
Vaya por delante que el aplazamiento de las jornadas –cuyo título original no carece de acierto pese a la controversia pueril que su formulación ha suscitado, pues es razonable afirmar que una guerra civil la pierden todos los miembros de una comunidad política sin que ello impida debatir sobre quién hizo qué a la hora de imputar responsabilidades y repartir culpas– constituye un ejemplo de manual de eso que ha venido en llamarse “cultura de la cancelación”. Y no es culpa de Uclés, quien demanda algo así como un espacio seguro para hablar de un tema sobre el que no parece admitir discrepancia, pese a que hace no demasiado tiempo declarase en una entrevista que debemos –easier said than done– dialogar con los diferentes, sino de la decepcionante reacción primera de los organizadores. Porque ahí está el busilis de la famosa cancelación, cuya existencia niegan quienes la confunden interesadamente con la deseable emergencia de “nuevas voces” en el espacio público. No, no: la cancelación existe y se da allí donde la exigencia punitiva de un sector de la opinión pública es atendida por los poderes públicos o las empresas privadas que proceden a castigar a quien ha sido previamente señalado por la masa de acoso digital. Y aunque en este caso no podemos hablar de “cancelación” propiamente dicha, pues ningún individuo ha sido condenado a la muerte civil, el encuentro fue aplazado debido a la presión ejercida por quienes deseaban reventarlo… lo........
