Amores rusos
Traducción por Juan de Sola
Barcelona, 2026, 411 pp.
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El futuro es impredecible. La Historia, si algo es, es un sistema complejo cuyo destino puede ser alterado no por el aleteo de una mariposa pero sí por cualquier tipo de accidente: el asesinato en Sarajevo del archiduque Francisco Fernando, la invención de internet o la caída de la Bolsa en Wall Street en 1929, sucesos que cambiaron el rumbo del mundo.
Por esto mismo, me provocan un poco de ternura y risa aquellos que con total seguridad afirman que el mundo del futuro será así o asá, esto o aquello. Ni siquiera los más perspicaces o agudos pueden prever lo que el futuro nos depara. Por ejemplo, en 1983 Octavio Paz publicó un libro (Tiempo nublado)en el que señalaba el inminente peligro de que, ante el declive de Occidente, el Imperio Soviético continuara su expansión sin fin. Ocho años más tarde la temible Unión Soviética se derrumbó, esto es, que dejó de existir. Ni siquiera Hélène Carrère d’Encausse, la célebre historiadora de la Unión Soviética, según me entero en Koljós, pudo imaginarse lo que estaba por venir. Tampoco previó, años después, la invasión rusa a Ucrania, el 24 de febrero de 2022. Unos días antes, fue invitada a un programa de televisión y declaró: “Putin no está loco, ¡no va a invadir Ucrania!” Y la invadió. Nadie puede predecir el futuro, ni siquiera la eminente historiadora de Rusia y la Unión Soviética, madre de Emmanuel Carrère, autor de Koljós.
Tras la muerte de Carrère d’Encausse, se le rindieron honores de Estado. Emmanuel Macron, presidente de la República Francesa, pronunció el discurso fúnebre. Recordó que por la sangre de Hélène Carrère “fluían todos los ríos entre el Volga y el Rin”, que “entre sus antepasados se contaban príncipes rusos y barones bálticos, un general prusiano, una dama de honor de la última emperatriz y al menos un regicida”. Macron mencionó que los antepasados de Carrère habitaron en una residencia de........
