Hancock
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Recuérdame
Un árbol de oro sucio
encajado en mitad de las dos casas,
y el viento que al pasar
hacía un sonido
de copas frotadas por el borde.
El otoño cantaba como un coro de bronce,
cruzaba las montañas,
tocaba las aldabas de las puertas mostaza.
Todo allí alrededor ritmaba la estación,
una misma paleta antifonal,
como si atreverse a usar otros colores
acarrease un castigo,
cada trozo de paisaje en una partitura
de cosas encastradas:
el ensamblaje de la melancolía.
Aquel lugar de Massachusetts
te recordó Japón:
la madera pulida y sus tonos oscuros,
la gradación de sombras,
los encuadres y la luz tamizada,
todo........
