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Una causa para la viuda asesina

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03.09.2026

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Hacia el inicio de La viuda asesina (Black widow, E.U., 1987), sexto largometraje del sólido cineasta setentero/ochentero Bob Rafelson, la tenaz investigadora del Departamento de Justicia gringo Alex Barnes (Debra Winger en su mejor momento) le explica a su paternal jefe Bruce (Terry O’Quinn) su teoría de por qué esa misteriosa mujer que aún no puede identificar –la “viuda negra” del título en inglés– se ha dedicado a seducir y luego envenenar a tres maridos: un magnate de la industria editorial, un poderoso fabricante de juguetes y un tímido filántropo de la arqueología. Según la perspicaz Alex, la asesina debió haber tenido una infancia difícil y seguramente fue maltratada por una abusiva figura paterna. Ella entiende a la criminal, le dice a su comprensivo jefe directo: siendo una niña, era golpeada cotidianamente por su padre alcohólico, hasta que un día, cuando él la estaba persiguiendo, cinto en mano, le dio un ataque cardiaco y murió en el acto. De seguro “la viuda asesina” tiene un resentimiento similar en contra de hombres mayores.

Apenas termina de contar esta supuesta historia personal, Alex voltea a mirar a su jefe con una encantadora sonrisa burlona: “¿De verdad me creíste todo lo que te dije?”. Y........

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