Tribeca 2026: desplazamientos, exilios, destierros
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Creado por Robert de Niro en 2002, como desafiante reacción cultural y hasta moral después de los ataques del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, el Tribeca Film Festival ha cumplido su aniversario de plata en estos días, con una programación de dos centenares de filmes, entre largometrajes y cortometrajes, la mayoría de ellos presentados en las varias secciones competitivas.
El cine latinoamericano en general y el mexicano en particular han tenido un espacio consistente a lo largo de los años –en el festival han sido premiadas Paraísos artificiales (Olaizola, 2011), Güeros (Ruizpalacios, 2014), El charro de Toluquilla (Villalobos, 2016) y, más recientemente, Huesera(Garza, 2022)–, así que esperemos que la cinta nacional Chicas tristes (Tovar, 2026), presentada en la Competencia Narrativa Internacional –y que ya ganó este año el Oso de Cristal en la sección 14plus de la Berlinale– obtenga aún más reconocimientos, porque de verdad se los merece.
México está presente no solo en la sección narrativa internacional con la ya mencionada ópera prima de Fernanda Tovar, sino también en la de cine de no ficción, aunque Mexicanamerican(E.U., 2026) sea una producción estadounidense y no mexicana. En todo caso, como lo habrá adivinado por el título, el realizador debutante Eddie Sánchez ha creado y recreado una historia familiar que, en primera instancia, está ubicada en los dos lados de la frontera, tanto en los Estados Unidos como en México, aunque el espacio emocional en el que nació y creció Eddie con sus dos hermanos menores no se ubica en ningún sitio en específico, pues la historia familiar de la primera generación de los Sánchez de Jalisco –en la segunda, los Sánchez de Oregon– se narra desde una suerte de confuso espacio liminal, en una interminable transición hacia un lugar todavía indeterminado.
Sánchez ha creado un personalísimo filme documental (que trasciende, por fortuna, la mera edición narcisista fotográfica y videográfica) a partir de una impresionante cantidad de películas caseras, grabadas incluso desde antes de que sus papás, Lalo y Beby, fueran novios formales, marido y mujer, y pasaran una idílica luna de miel en Colima. Así pues, entre los testimonios más o menos memoriosos –y más o menos reinventados por los platicadores padres protagonistas–, he aquí la imagen de una sonriente y jovencísima Beby, reina de belleza en Palos Altos, Jalisco, en 1985, atisbada con admiración por el joven Lalo, nativo del pueblo vecino de San José, mientras en el fondo y alrededor de ellos se levanta una polvareda provocada por los enjundiosos zapateados de todas las parejitas bailando al ritmo de “El venado”.
Ese tímido cruce de miradas es el inicio de la admirable pero dolorosa épica íntima de una familia migrante mexicana como cualquier otra, en la que en un malhadado día el........
