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Las cosas que llevaban

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27.03.2026

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Por aquí y por allá aparece esta cita de Charles Bukowski: “Todo lo que posees ha de caber en una maleta; entonces tu mente podrá ser libre”. La acomodo entre tantas citas que se disfrazan de sabias sin tener pizca de sabiduría. Si la maleta va llena de diamantes, pasa, pero una mente no será libre con cuatro calcetines, una muda de ropa interior, cepillo de dientes, un par de piyamas, jabón, zapatillas y un par de camisas.

Más banal se vuelve la frase de Bukowski cuando uno lee o escucha lo que comenta la escritora Karla Suárez en La maleta cubana. ¿Qué se lleva a Cuba cada vez que se regresa? ¿Qué es lo más necesario para los parientes y amigos que quedaron allá? ¿Cuántas necesidades se pueden resolver con veintitrés kilos bien empacados? Cuenta que en mejores tiempos se llevaban regalos, luego piezas y refacciones, pintura para muros, enseres de cocina, varios metros de cable eléctrico, grifos, tubería de plástico. Alguna vez Karla me contó que empacó un asiento para el escusado. También se lleva papel sanitario, estropajos, detergente. Ahora, por sobre todas las cosas, alimentos y medicinas.

La leche en polvo, la desnatada y entera. Ok. Ok, Ok, Ok. El filtro para la tubería del tanque de casa de David finalmente no lo encontré. Tremenda pena que me da. Pero bueno… En la farmacia me falta el suero fisiológico, la furosemida, las medias elásticas, el ibuprofeno infantil, lo de la mamá de Yamilé, el yodo de mi tía. Y voy a comprar otro paracetamol por si acaso.

La leche en polvo, la desnatada y entera. Ok. Ok, Ok, Ok. El filtro para la tubería del tanque de casa de David finalmente no lo encontré. Tremenda pena que me da. Pero bueno… En la farmacia me falta el suero fisiológico, la furosemida, las medias elásticas, el ibuprofeno infantil, lo de la mamá de Yamilé, el yodo de mi tía. Y voy a comprar otro paracetamol por si acaso.

A veces no se empacan las cosas en una maleta, pues ésta ya pesa algunos kilos, sino en bolsas. Otro cubano dice: “Vengo con cinco maletas de 23 kilogramos. Y con un 95% de comida, prácticamente que es leche, espaguetis, atún y ya. Básicamente eso, pero en bastantes cantidades”.

Y es que, por más que se intente, mi querido Bukowski, la vida no cabe en una maleta.

Con saña, y no en busca de una “mente libre”, fue que a muchos judíos les exigieron que resumieran su existencia en una maleta o en un hatillo de doce o quince kilos para dirigirse a algún gueto. ¿Qué echar en esa maleta? En Vida y destino leemos un ejemplo.

Cogí una almohada, algo de ropa blanca, la tacita que un día me regalaste, una cuchara, un cuchillo, dos platos. ¿Acaso necesitábamos mucho más? Cogí parte del instrumental médico. Cogí tus cartas, las fotografías de mi madre y del tío David, y también........

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