México como “Wunderkammer”
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El primer contacto europeo con el continente americano ocurrió en 1492, cuando Cristóbal Colón y su tripulación llegaron a la isla de Guanahani, la cual bautizaron como San Salvador. Cruzar el Atlántico no era solamente costoso, sino que implicaba meses de travesía, enfermedades mortales y un gran riesgo de naufragio. Solo los navegantes más experimentados y los exploradores financiados por las coronas europeas o por empresas privadas se lanzaban a la aventura. Para el resto de los europeos, el Nuevo Mundo permanecía como un territorio misterioso: un mito lejano, poblado por monstruos y maravillas. Al respecto, el cronista José de Acosta –quien intentaba describir la naturaleza americana para quienes jamás cruzarían el océano– escribió en Historia natural y moral de las Indias (1590) que en aquellas tierras había “cosas tan monstruosas y extrañas que no se pueden creer sino vistas, y aun vistas, causan admiración”. Un año más tarde, el médico sevillano Juan de Cárdenas, radicado en la Ciudad de México, juntó rarezas y portentos de la Nueva España, con ánimo de darles explicaciones racionales, en un libro seductoramente titulado Problemas y secretos marauillosos de las Indias.
Para saciar la curiosidad europea, que se nutría de la imaginación y de relatos de los viajeros, nacieron en el siglo XVI los Wunderkammer –gabinetes de maravillas–. Estas colecciones se construían en las estancias privadas de sus propietarios y reunían objetos que parecían poner en duda los diseños de la naturaleza y retaban la credulidad de los selectos visitantes: magníficas “pinturas” de plumas iridiscentes, realizadas por los nativos de la Nueva España; piedras bezoares que prometían antídotos contra todos los venenos; armadillos; cráneos y colmillos de narval que hacían pasar por cuernos de unicornio. Un mundo entero contenido en una habitación. Si bien estas tempranas colecciones de naturalia y artificialia buscaban explicar el mundo, cumplían a la vez con el objetivo de deslumbrar al espectador y resaltar el estatus, el poder económico y las redes comerciales de sus dueños. A lo largo de los siguientes siglos, los gabinetes de maravillas ordenaron sus narrativas, al dividir lo “natural” de lo “artificial”, las piedras de los animales y las producciones de Europa de las del resto del mundo, tal vez al precio de perder algo de la capacidad de producir asombro. Sus herederos más directos hoy en día son los grandes museos universales, como el Louvre y el Museo Británico.
La exposición Gabinete de........
