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“El lenguaje está en el fondo de todo lo que hacemos”

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17.01.2026

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Yuval Noah Harari (Haifa, Israel, 1976), catedrático del departamento de historia de la Universidad Hebrea de Jerusalén, se especializó en historia medieval y militar y se doctoró en Oxford en 2002. En los últimos años se ha dedicado a plantear preguntas macrohistóricas como ¿cuál es la relación entre la historia y la biología? O ¿las personas eran más felices en la prehistoria? En 2014 publicó un celebrado y controvertido bestseller internacional que también se puede leer en español en Debate, De animales a dioses. Una breve historia de la humanidad. Harari recorre en más de cuatrocientas páginas los, aproximadamente, ciento cincuenta mil años que lleva el homo sapiens en la Tierra, tiempo en el que pasamos del “orden animal” al momento “en que empezamos a crear vida”. Una (breve) historia de la humanidad en la que echa mano de la psicología emocional, los conceptos teológicos, la ingeniería genética, los intríngulis de la química hormonal humana, las leyes en las sociedades antiguas, la economía de mercado y la biología evolutiva. Harari replantea ideas tradicionales sobre el paso al sedentarismo con la invención de la agricultura (aunque ya Jared Diamond llamaba a la agricultura “el peor error de la historia de la especie humana”), la invención de ficciones –como las religiones, el Estado o el dinero–, el papel del chisme en la evolución del ser humano y la idea de la felicidad como motor de las economías de consumo.

 

En su recuento de la humanidad piensa que es factible dejar de ser mortales, lo que implica un vuelco en la historia.¿Se considera usted un historiador optimista o un fatalista?

Trato de ser realista. Solemos perder la dimensión de lo difícil que resulta enfrentar la realidad cuando somos optimistas o pesimistas, pero casi siempre las buenas y las malas cosas suceden de manera simultánea, por lo que no deberíamos casarnos con una u otra postura. Hemos visto, por ejemplo, cómo se ha deteriorado el medio ambiente, la temperatura en los polos aumenta, los océanos elevan su nivel costero y la extinción de algunas especies parece irrefrenable. Al mismo tiempo, el nivel de violencia en el mundo ha disminuido de manera significativa, lo cual no quiere decir que haya desaparecido del todo ni que sea menos cruel. Existen guerras en Medio Oriente, pero aun así vivimos el periodo más pacífico en la historia de la humanidad. No solo se han reducido el número de conflictos y las regiones donde estallan, sino que la naturaleza misma del binomio guerra/paz ha cambiado. No hace mucho la guerra era una alternativa a un diferendo internacional. Hoy no es así, es impensable un conflicto armado entre Francia y Alemania en los próximos meses, o entre Brasil y Argentina el año entrante. Es tan simple como que nadie en esos países ni en muchos otros está considerando la posibilidad de agredir a alguien más. Buenas y malas cosas suceden juntas, y un historiador debe ver ambos ángulos.

Una de sus ideas centrales es la ventaja evolutiva que significó haber tenido una diversidad de lenguajes gestuales, orales y, sobre todo, escritos.

El lenguaje es extremadamente importante puesto que está en el fondo de todo lo que hacemos. Los seres humanos controlan el mundo porque saben cooperar; muchos animales son gregarios pero son incapaces de organizarse en grupos grandes. El control que los humanos ejercemos no es de carácter individual, yo no soy más fuerte que un chimpancé ni más rápido que un león. Sin embargo, al trabajar en grupos que pueden sumar millones y millones de personas creamos sociedades, pensamiento político, leyes, arte, sistemas de salud pública. Eso nos da mayor fuerza.

¿Por qué los sapiens prevalecimos a costa de los otros homínidos? ¿Eran demasiado familiares para ignorarlos y tan diferentes que no podíamos tolerarlos?

Sobrevivimos, en buena medida, gracias a las características únicas de nuestro lenguaje, a su naturaleza ficcional. Al igual que otras especies de animales utilizamos nuestras capacidades comunicativas para describir la realidad. La amenaza de un depredador, por ejemplo. Pero también somos capaces de usar el mismo lenguaje para crear una realidad inexistente, una ficción. O, mejor dicho, una serie de ficciones que dan cohesión a las sociedades humanas, como son el dinero, las naciones, los dioses, los derechos humanos. Todo esto no existe, salvo en las historias que nos contamos y en las que creemos. No es posible convencer a un grupo de simios de que se organicen y lleven a cabo algo en grupo simplemente diciéndoles: “Háganlo y........

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