Carta desde Madrid. Lo que más tengo es suerte
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Voy en un taxi de camino al aeropuerto de Barajas para coger un avión a Bilbao y, parada en uno de esos frecuentes pequeños atascos que te hacen sudar y temer siempre por tu vuelo, recuerdo con horror que llevo una navaja en el bolso. El horror nace de que es una navaja a la que le tengo mucho cariño, porque me la regaló una persona muy querida que la compró en Albacete, y con mucha pena me doy cuenta de que no hay ningún modo de que pueda colarla en el control de seguridad. Hago un esfuerzo por desplegar mi imaginación y pensar en todas las posibilidades. ¿Podría tal vez esconderla en algún baño y recogerla después? ¿En alguna alcantarilla? Pero entonces miro al taxista y encuentro la solución. Le pregunto: “Oye, ¿puedo pedirte un favor?” Como lo digo con voz un poco de pito y voy vestida de una manera que hace creer que tengo mucho más dinero del que tengo, el taxista intuye que voy a pedirle algo que no le va a hacer ninguna gracia, alguno de esos caprichos estúpidos de los clientes.
Entonces, teatralizando un poco, empiezo diciéndole: “Verás, llevo una navaja en el bolso”. Y capto su atención al instante. Le........
