Miedo
Con ocasión de mi último viaje como senador por las islas de Lanzarote y La Graciosa y miembro de la Mesa del Senado del Reino de España a Costa Rica y El Salvador, con más algunas de las circunstancias que se están dando en la política española, pude comprobar cómo a veces el Estado devora las libertades que dan sentido a la democracia en el contexto de proteger su eternidad.
El que abusa del poder siempre intenta justificarse. Pocas excusas son tan eficaces como la seguridad. En su nombre, el autócrata puede vigilar, detener, amordazar y violar los derechos que tanto nos ha costado alcanzar. Lo que en tiempos normales sería algo intolerable aparece de pronto como una medida urgente. Casi inevitable.
Comienza identificando un peligro real o verosímil. Lo presenta como una amenaza existencial. Lo personifica. Se convierte en “el enemigo”. Los que se oponen se convierten en ingenuos, cobardes o cómplices. En ese momento se enaltece y se autocorona como la única opción para frenar la amenaza. Como única barrera entre la sociedad y el caos total.
La complejidad es enemiga del terror
No importa que el peligro sea más complejo que el relato. La complejidad es enemiga de algo tan básico como el terror. Para el tirano vale más una detención masiva, un despliegue militar o una nueva cárcel que investigar las causas del delito, fortalecer la justicia o prevenir el reclutamiento criminal. Investigar exige tiempo, instituciones y resultados. Actuar con inclemencia e irracionalidad da, por el contrario, una imagen inmediata de control.
La violencia seduce porque parece resolver en días lo que la democracia........
