Agua, energía y plazos que matan: el caso de Lanzarote
La montaña de Tenésara. Cuando vivía en Las Malvas, me encantaba subir hasta allí. El paisaje agrícola que se contemplaba desde arriba era impresionante. Pensar que toda esa zona pudiera algún día abastecerse con agua desalada producida gracias a energía limpia y propia sería, para mí, un sueño hecho realidad.
Después, correspondería a cada agricultor o al conjunto de la comunidad decidir qué parte se destina al regadío y cuál continúa siendo de secano. Y cómo gestionar todo eso con inteligencia emocional: empatía, solidaridad, compañerismo. En definitiva, inteligencia.
Dudo que un solo molino, por grande que sea, fuera suficiente para hacerlo posible. Pero creo que sería una forma de honrar el enorme esfuerzo y el trabajo que tantas generaciones dedicaron a esas tierras (y no es mi espíritu precisamente de agricultor). Y yo colocaría esos molinos en los lugares más visibles, como auténticos faros para una nueva navegación; y, como los faros, los imaginaría públicos, al servicio del bien común.
Al otro lado está Timanfaya. Dos modelos frente a frente: turismo y agricultura. También dos paradojas. El territorio vinculado al turismo descansa sobre importantes reservas de agua subterránea, que por ahora, hemos decidido no aprovechar esa posibilidad, mientras que el territorio agrícola dispone de abundante sol y viento, pero seguimos teniendo dificultades paisajísticas y sociales para utilizarlos plenamente.
A veces me pregunto si nos hemos vuelto aguafóbicos. O quizás seguimos siendo demasiado dependientes del petróleo. Tal vez el verdadero reto sea liberarnos no solo del petróleo, sino también de una “mentalidad petróleo": esa forma de pensar que nos hace ver los recursos locales y renovables como algo secundario, cuando podrían ayudarnos a construir un futuro más resiliente y coherente con el territorio que habitamos. Durante muchísimos años, siglos, los esclavos fueron la fuente de energía principal. Me pregunto si ahora el petróleo y sus bisnes son nuestra fuente de energía o somos nosotros la energía que les alimenta.
Hay un problema de fondo que casi nunca aparece cuando discutimos si un molino altera o no el paisaje.
En Lanzarote, el agua potable necesaria para tanta, tantísima población, no nace de manantiales. Nace, fundamentalmente, de las desaladoras. Y las desaladoras, necesitan electricidad. Si falla el suministro eléctrico, falla también el suministro de agua.
Mira esto y contén la respiración:
Usando datos extraídos de la Estrategia de la generación gestionable de Canarias (edición v1)
Promotor: Dirección General de Energía del Gobierno de Canarias.
Elaboración: Instituto Tecnológico de Canarias, S.A.
Diagnóstico de la Generación Térmica........
