Lanzarote: Diseñar para vivir, no sólo para posar
Hace no muchas décadas, Lanzarote exportó al mundo una lección revolucionaria: el turismo no tenía por qué destruir la identidad de un lugar; al contrario, debía adaptarse a ella. Aprendimos que el visitante venía buscando nuestra autenticidad, nuestro paisaje y nuestra forma de entender la vida. Hoy, lamentablemente, parece que hemos invertido la fórmula. Hemos empezado a diseñar una isla pensada exclusivamente para el que pasa aquí una semana, olvidándonos de quienes sostenemos este territorio los 365 días del año.
Hay una máxima urbanística que hoy es más urgente que nunca recordar en nuestra isla: Una ciudad diseñada para el residente es una ciudad que también disfruta quien nos visita. Sin embargo, cuando diseñamos única y exclusivamente para el turista, el residente se queda sin espacio.
Cualquiera que haya viajado por el norte de Europa siente una sana envidia al ver sus ciudades. Lugares donde el sol apenas asoma unos meses al año, pero que están vertebrados por imponentes parques públicos, grandes espacios libres, plazas vivas y áreas verdes diseñadas para el encuentro familiar, el deporte y el descanso.
En Lanzarote, bendecidos con el mejor clima del mundo, sufrimos la paradoja de tener un entorno natural privilegiado pero unos espacios públicos urbanos paupérrimos y volcados al cemento de las avenidas turísticas.
El desfase entre el escaparate y la realidad local
El problema no es el turismo; el turismo es nuestro motor económico. El problema es la gestión de las prioridades de........
