Capitalismo de amiguetes en Indra
No es una defensa de Ángel Escribano. Su dimisión está más que justificada. Intentar comprarse su propia empresa con el dinero de una participada por el Gobierno suena a algo más que temerario. Se trata de dar una lectura política a una crisis de gestión empresarial que evidencia la injerencia de Pedro Sánchez en el mundo empresarial. En inglés se llama crony capitalism y en una traducción literal al castellano sería algo así como «capitalismo de amiguetes». Un sistema económico donde el éxito empresarial depende de las relaciones estrechas entre empresarios y funcionarios gubernamentales. Se caracteriza por la manipulación de las reglas del mercado mediante puertas giratorias, tráfico de influencias y regulaciones a medida, favoreciendo a élites en detrimento del interés público.
Y eso es lo que está pasando en Indra. Como antes pasó en Telefónica. O en Forestalia, a otra escala. O con las ayudas a las empresas para la pandemia, como en Plus Ultra y Air Europa, por ejemplo. O en instituciones públicas, como en el CIS de Tezanos.
En el mundo económico hay un denominador común. Responde por Manuel de la Rocha Vázquez, dirige la oficina económica del presidente con rango de secretario de Estado y está siempre en primera fila de sus discursos para asentir. A él le correspondió darle el finiquito al entonces presidente de Telefónica, José María Álvarez-Pallete, un viernes por la tarde en una carambola que llevó a Marc Murtra, muy vinculado al PSC, a dejar Indra para dirigir la tecnológica. Y fue el propio De la Rocha, hijo de un histórico dirigente socialista, el que promovió a su entonces amigo Ángel Escribano para dirigir el corazón de la industria militar española.
Las relaciones personales chocaron con el interés político. La autocompra de la empresa familiar por dos mil millones —hace cinco años apenas valía doscientos— encendió, esta vez sí, las alarmas éticas de la Moncloa. Y el empresario amigo no quiso rendirse a la primera, encontró consuelo en otro desterrado, Joseph Oughourlian, accionista mayoritario de Prisa, y dio la batalla una semana, hasta que vio en riesgo el negocio familiar.
Indra será dirigida ahora por otro amiguete de Manuel de la Rocha, Ángel Simón, también cercano al PSC —la pela es la pela— y defenestrado hace apenas un año en La Caixa por jugar a ser el relevo del casi eterno Isidro Fainé.
Pero Telefónica e Indra son el canario en la mina de un Gobierno intervencionista que usará los más de 13.400 millones de euros de los fondos europeos que fue incapaz de gastar en un cambio de modelo productivo para jugar al Monopoly con el dinero de todos y seguir colocando piezas por si las cosas van mal en las urnas.
