Se me ha hecho tarde, muy tarde
Ayer madrugué, cosa muy desagradable, por hacer un pequeño favor a mi hijo –el delito de paternidad nunca prescribe–, que exigía ir a su domicilio. El edificio tiene un piso turístico y en la puerta estaba plantado un turista inglés de aspecto cuarentón al que una voz femenina negaba la entrada.
Reproduzco la versión original porque el inglés es más contundente. Tampoco imagino a un marido indígena limitándose a decir “lo sé, llego tarde”. Muy tarde.
Gracias a la igualdad de género y la telefonía móvil, uno daba por extinguido al hombre que........
