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Seis puntos para tener mejores candidatos

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Dentro de dos semanas se celebran elecciones en Colombia. Veremos a un gran sector de politiqueros reelegirse en Congreso y Senado, veremos a bodegueros ascender a puestos de representación en el Parlamento, veremos a candidatos millonarios acceder a una figuración que no deberían tener. Ojalá me equivoque, pero tengo la impresión de que las sorpresas positivas van a ser muy escasas.

La pregunta es si todo esto es inevitable. Yo considero que no lo es. Muy pragmáticamente, considero que si mejoramos las reglas del juego electoral vamos a tener mejores candidatos y mejores elecciones.

Así las cosas, la pregunta es: ¿Qué reglas relativamente sencillas permitirían mejorar el debate electoral, permitir que todos los candidatos (y no sólo los muy ricos o los más clientelistas) tengan la oportunidad de ser conocidos? ¿Qué se puede mejorar sustancialmente para que las elecciones sean más transparentes y más democráticas?

En pasadas columnas he desarrollado algunos de los puntos que acá señalo. Seguramente hay muchos otros aspectos cruciales (invito a los lectores a enriquecer esta lista). Por ahora quiero recalcar algunos asuntos básicos.

1. Debe haber real democracia dentro de los partidos

No es posible hablar de democracia cuando un puñado de personas son quienes poseen la varita mágica (la capacidad de dar el aval) para definir quiénes y por qué partido pueden competir en las lides electorales. No hay democracia cuando un partido político tiene “dueños”, personas que por diferentes razones tienen excesivo poder en las organizaciones, y que nunca (o casi nunca) convocan a elecciones internas. No se puede hablar de partidos cuando no existe el debate de ideas sino las pirámides clientelares. 

2. Debe haber un consenso en torno al hecho de que el debate público se respeta.

Se debe sancionar social y penalmente a quienes degraden el debate por medio de infoxicaciones (informaciones falsas que buscan ser virales), mentiras, injurias, sexismo, racismo… sobre todo si se trata de 1) personas con poder político (pienso en congresistas, concejales, ministros, altos funcionarios) y 2) personas pagas por el gobierno para denigrar de sus rivales (influenciadores).

En este sentido, es muy grave que candidatos a corporaciones públicas (como el caricaturista Matador) usen estas tácticas (me refiero a sus publicaciones homófobas en X). Tampoco es admisible que periodistas se presten a difundir asuntos que buscan ensuciar a un candidato (como la falsa valla de Iván Cepeda de camuflado).

Todo esto debe ser objeto de real veeduría y sanciones. Degradar el debate público tiene unos costos muy elevados para la sociedad. 

3. Medios públicos y privados deben asegurarles visibilidad equitativa a todos los candidatos.

En Colombia nos hemos habituado a que algunos medios (por ejemplo la revista Semana) empuje, o incluso fabrique candidaturas. Esto no debería pasar. Tampoco es admisible que los medios públicos (RTVC) estén dedicados a extender invitaciones y/o hacerle campaña a un solo sector. Los medios no deben prestarse para ayudar a empujar a determinados candidatos.

¿Existen soluciones? Por supuesto. Debe haber una vigilancia externa que verifique que el tiempo de usufructo del espacio audiovisual (por ejemplo, entrevistas en radio y televisión) y el tamaño y despliegue de las publicaciones impresas no esté favoreciendo a determinados candidatos. Se debe seguir el principio de la equidad (mayor tiempo para mayores representaciones).

4. La publicidad electoral no es sana para la democracia.

En anterior columna detallé las varias razones por las que pienso que la publicidad electoral debería estar prohibida, como sucede en otras democracias. Reitero lo que pienso al ver, por ejemplo, que en solo Bogotá hay casi mil vallas electorales afeando el paisaje urbano. Pienso que este derroche de dinero (que los periodistas de este diario estiman en 1.514 millones de pesos en solo vallas en Bogotá) no es justo con la sociedad, además de prestarse para propaganda de odio y contaminar el espacio auditivo y visual.

¿Existen otras formas de hacer? Claro que sí, pero hay que reiterar un punto: prohibir la publicidad no implica que no haya forma de dar a conocer las propuestas. En esta columna explico cómo se hace en otros países y por qué sería buena idea hacer algo así.

5. Las campañas políticas deben tener reglas mucho más estrictas de financiación.

Los topes de donaciones individuales deben reducirse (actualmente son demasiado altos); además, se debe prohibir la financiación por parte de empresas o sociedades. Pienso, por otra parte, que no debería haber reposición de dinero público a las consultas de los partidos (remito a mi columna anterior donde explico este tema).

6. Se requiere educación digital y formación política por parte de los periodistas para no amplificar mentiras o narrativas falsas.

Los políticos saben usar los medios, saben lograr titulares que se presentan como noticias, siendo en realidad formas de intoxicar el debate. Un ejemplo lo constituye la narrativa del “fraude” por parte de Gustavo Petro. En realidad, él ha introducido esta variable sin ninguna evidencia, solo para introducir ruido (ver por ejemplo sus denuncias sin sustento en 2018, en 2022 o las actuales). En época electoral, la estrategia de acusar de “fraude” sin pruebas de ningún tipo no es nueva (Laureano Gómez se hizo experto en esto, dándole pie a sectores muy violentos y antidemocráticos). Los periodistas deben tener más cautela antes de reproducir cualquier declaración, aun si viene del presidente, máxime cuando éste ha tergiversado e incluso mentido en numerosísimas ocasiones sobre los temas más diversos.

Quiero terminar este artículo señalando algunos problemas con la información electoral en la página de la Registraduría. El tema es este: analistas, periodistas y cualquier ciudadano deberían tener acceso a los resultados electorales de su país (no me refiero sólo a los resultados del año en curso: hablo de todos los resultados electorales, y hablo de información procesada y consolidada, no de base de datos brutos). Pues bien, en la Registraduría Nacional de Colombia ya no es posible acceder a esta información. Hoy, no es posible para un ciudadano conocer los resultados electorales de hace 4, 20, o 40 años. Esto se ha agravado con los últimos registradores, pues anteriormente el sistema funcionaba mejor (se ponían en línea los resultados del preconteo, que aun teniendo algunos márgenes de error, eran mejor que lo que hay ahora). Es increíble que pese al dinero del que dispone, la Registraduría no haya sido capaz de armar una página de datos legible, fiable y correcta. En varias ocasiones he solicitado que mejoren esto, nunca me han respondido. También les he sugerido mirar cómo se presentan los datos en otros países, por si requieren algún modelo (acá, por ejemplo, el caso de Chile).   

Estas son algunos asuntos, reglas no muy complejas de seguir, o modificaciones relativamente sencillas de poner en marcha, que permitirían tener un mejor debate electoral, mejores partidos, mejores candidatos, mejores representantes. En próxima columna identificaré a las y los candidatas que me parece merecen un puesto en el Congreso para incidir en el debate público.


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