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Réspice Pollum

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12.09.2026

Nadie podrá acusar a Marco Fidel Suárez de pitiyanqui. Nuestro anciano expresidente, la personificación misma del gramático decimonónico, será siempre recordado como el mandatario colombiano de origen más humilde. El hijo de natural de una lavandera, madre cabeza de familia, que lo crió en una modesta choza de paja que aún se conserva como museo. 

El presidente Abelardo mencionó a Suárez en su discurso de posesión, quizás la más importante cita de Luciano Pulgar en memoria reciente, pero no es por eso por lo que vale la pena traerlo a colación. No fue algo que soñó don Luciano sino algo que expresó con claridad su heterónimo, el expresidente, lo que es ahora relevante.

Suárez fue, tal vez, más que ideólogo, el articulador de la política del réspice pollum: mirar al Norte.

Colombia había salido bastante magullada de la pérdida de Panamá en noviembre de 1903. Digo pérdida porque no es que Estados Unidos nos hubiera quitado el prometedor departamento, sino que los colombianos lo perdimos. Pero eso es otra historia. El caso es que la rabia con la potencia del Norte persistió durante una generación. El general Rafael Reyes en su esfuerzo por estabilizar a la nación después de la guerra de los Mil Días sabía que la única manera de superar el caos económico y social causado por la conflagración era restableciendo las relaciones con los Estados Unidos. Esto fue más fácil dicho que hecho. Cuando el general intentó superar el agravio panameño suscribiendo un tratado de normalización de relaciones –el Tratado Cortés-Root de 1909– sus enemigos lo utilizaron como mazo para sacarlo del poder.

Sin embargo, Reyes........

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