El sistema Jeffrey Epstein: diez variaciones sobre arte y fascismo / Parte I
«¿Crees que eres el diablo en persona?», le preguntan a Jeffrey Epstein un mes antes del reporte oficial de su muerte en prisión.
La entrevista ante la cámara sucede en su mansión en Nueva York, él está sentado en un mullido sillón, luce una camisa bien cortada y tan oscura como un agujero negro, las mangas están sin abotonar. Su rostro aguileño lleva unos lentes discretos de marco flotante que parecen a punto de caer y, ante esta pregunta, dispara una sonrisa que ya estaba lista antes del cuestionamiento diabólico.
«No», responde. «Pero sí tengo un buen espejo», dice Epstein.
Por fuera del encuadre de la cámara, el cuestionario lo conduce Steve Bannon, estratega político, arquitecto a la sombra de dos campañas presidenciales de Donald Trump. No es un interrogatorio. Es una danza donde ambos hombres, autosatisfechos conocen los pasos. Uno de ellos sabe que el baile del poder lo tiene al borde de un precipicio.
Cinco meses antes, en diálogos que sucedían casi a diario, Bannon le había escrito a Epstein que la primera estrategia para resarcir su imagen pública era «rebatir las mentiras; después, aplastar la narrativa de la pedofilia».
Durante ese tiempo, Bannon recomendó abogados para entrenar a Epstein y Epstein pagó gastos médicos de Bannon, le regaló relojes Apple a él y a su hijo y les prestó su jet privado. En marzo de 2019 se hospedó en el apartamento de Epstein en París —«Steve Bannon está aquí conmigo», le escribió Epstein a un socio— y se reunió con él más de una decena de veces solo en la residencia de Manhattan.
Bannon dice que la entrevista fue para un documental, una obra cinematográfica que afirmó «destruirá los mitos» sobre Epstein. Eso solo parece una coartada, lo que se ve es un ensayo de prueba antes un posible interrogatorio, el acuerdo cómplice entre dos hombres que se miden entre sí, el entrenamiento de un sparring a un boxeador de su misma categoría próximo a un combate decisivo. Después de todo, ambos advenedizos han hecho carrera como productores de poder para dar más poder a una clase depredadora de hombres poderosos.
Cuando Bannon le pregunta si su dinero es sucio, Epstein responde sin parpadear:
«No. Lo gané de corazón».
Cuando Bannon lo presiona y le dice que ha «asesorado a las peores personas del mundo», Epstein vacila apenas un segundo, antes de redirigir:
«Con ese dinero erradiqué la poliomielitis en Pakistán y la India. Pregúntales a esas madres».
Bannon le suelta un gancho:
«¿De qué nivel eres como depredador sexual? ¿Clase tres?»
“Nivel uno», dice Epstein, con una leve inclinación de la cabeza.
«Nivel uno es el peor».
«No. Soy el más bajo».
«El más bajo. Pero un criminal».
«Sí», afirma Epstein sin alterarse, sin bajar la mirada. Como quien confirma su dirección postal.
Entonces Bannon retoma la pregunta del diablo.
«Es una pregunta seria», insiste Bannon.
«Ah, lo siento», dice Epstein, fingiendo distracción.
«¿Usted piensa que usted es el diablo?»
Epstein, mínimamente descompuesto, mira por un segundo fuera de cámara al equipo de rodaje, se rasca detrás de la oreja y responde con otra pregunta:
«¿Por qué usted diría eso?»
Bannon enumera atributos y menciona un libro que sabe que Epstein ha leído: inteligencia, brillantez, la lógica de Satanás en El paraíso perdido de Milton, «preferiría reinar en el infierno que servir en el cielo». Epstein escucha en voz baja, con cara de niño al que le cuentan un cuento. Luego sonríe, junta las manos como en un rezo irónico y dice: «Vi eso en una película una vez. Se llama American Dharma».
Una pausa. Una travesura. American Dharma es el documental en que Errol Morris, uno de los grandes documentalistas vivos, intentó hacer con Bannon exactamente lo mismo que ahora Bannon intenta hacer con Epstein: desnudarlo frente a una cámara. En tres palabras y una sonrisa, Epstein invirtió la corriente: nadie en esta mesa llega primero, todos tienen un espejo. Pero el espejo de Bannon era distinto: mientras filmaba, lo ayudaba a reconstruir su imagen de filántropo.
Los archivos publicados de la entrevista contienen apenas dos de las doce horas que Bannon dice haber grabado. Luego de una hora de esta nueva sesión, Epstein........
