Gustavo Petro: del discurso climático a la realpolitik
Por Anders Beal*
La visita del presidente Gustavo Petro a la capital estadounidense dejó una imagen poco común en la política hemisférica actual: un mandatario latinoamericano hablando con franqueza moral sobre la crisis climática en el corazón intelectual de Estados Unidos, mientras sostenía un diálogo pragmático—sin rupturas ni dramatismos—con una Casa Blanca liderada por un presidente que rechaza esa misma crisis. Si el encuentro entre Petro y Donald Trump en el Despacho Oval fue diplomáticamente correcto y cuidadosamente contenido, fue el discurso del presidente colombiano en la Universidad de Georgetown el que expuso con mayor claridad la encrucijada histórica que enfrenta Colombia y el tipo de legado que Petro aún puede definir antes de dejar el poder. En su charla, Petro no habló como un político tradicional, sino como un testigo incómodo de un colapso anunciado. “Nos grita la ciencia en la cara,” afirmó, al advertir que la transformación de los sistemas energéticos no es una opción económica, sino una obligación científica. La humanidad—sostuvo—ha entrado en una era de turbulencia e incertidumbre, y la única salida viable es la construcción de una civilización humana basada en la sostenibilidad. La tecnología existe. El capital existe. La capacidad financiera existe. Lo que falta no es innovación, sino voluntad política. Los verdaderos obstáculos no son técnicos, sino políticos: el poder y quienes se benefician de mantener intacto el orden actual.
Petro fue aún más lejos al cuestionar la utilidad del Estado nación, del sistema multilateral y de las Naciones Unidas si estas estructuras e instituciones son incapaces de evitar que la humanidad avance hacia su propia extinción. Denunció el fracaso de la COP 30 en Belém, capturada—en sus palabras—por el lobby de los combustibles fósiles, y cerró con una imagen que atravesó el auditorio cuando miró a un bebé en primera fila—su nieta presente entre el público: “Nosotros no estaremos aquí dentro de un siglo o siglo y medio, pero nuestros hijos y nietos sí vivirán el colapso climático si no actuamos hoy,” sostuvo. En ese futuro, recordó, “las multitudes y las palabras” aún tienen la capacidad de cambiar los modos de energía y, con ello, el destino humano. Fue un discurso honesto, necesario y profundamente incómodo para Washington, y un país entero, que se encuentra en plena crisis democrática. Pero lo que Petro y sus asesores deben anotar con profundidad, es que la claridad moral, por sí sola, no construye poder ni alianzas duraderas.........
