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Ver lejos

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19.09.2026

Estamos, otra vez y como siempre, distraídos. 

Sin duda, culpa de los políticos, desgraciadamente miopes. 

Y culpa también de los que comentamos, como adictos, lo que hacen los políticos.  

Que si Juliana falsificó diplomas. Que si el ministro se fue a la playa. Que si Armando se reunió con Marco. Que si Laura mandó a interrogar a una niñera. Que si Vladimir le recibió plata a otro corrupto. Que si un wannabe italiano quiso comprar una casona en La Calera. 

La mayoría son apenas chismes. Delitos, los más graves. 

Pero, al final, bagatelas: pseudoproblemas. 

Y los problemas grandes y urgentes (la quiebra y el apagón en el que casi nos dejaron, la inseguridad o el narcotráfico), también son, vistos con distancia, problemas pequeños que nos están desconcentrando de cosas, sí, aún más grandes.

Y es que, mientras tratamos de resolver nuestros problemas del siglo XX y del siglo XIX (que si la reforma agraria, que si la consulta previa, que si la Jurisdicción Especial para la Paz, que si Cristo Rey), y, mientras pensamos que estamos atendiendo problemas del siglo XXI (que si la batalla cultural, que si la gestación subrogada, que si el cambio de sexo), estamos dejando de ver lo que viene y lo que ya está aquí. 

Todos tenemos nuestras perversioncitas: yo parezco un fanático de Adam Smith, y defiendo el orden espontáneo, sin planeación central, y la división del trabajo: pienso que está bien que haya gente que no se preocupe por la política, sino por ir a trabajar o por cuidar a sus hijos o por jugar PlayStation o por tomarle fotos a la comida. 

Pero, a veces, aparecen problemas gigantes. Y las instituciones que tenemos para resolverlos (el Estado, la prensa, las universidades, las empresas más grandes) parecen desconcentradas, como pensando en otra cosa. 

Y, entonces, extraño la mano visible. 

El mundo se nos está yendo por delante, y hemos dejado de lado dos grandes cambios de........

© La Silla Vacía